¿Quién decide lo que es correctamente aceptable?
Sólo bastan unas cuantas palabras para encubrir y justificar la crueldad y el crimen humano, incluyendo el favor de «Dios» que todo lo abarca (como lo hacen Israel y Estados Unidos). Gracias al discurso manejado por la élites gobernantes, se podrá distraer a las masas subordinadas con problemas y enemigos ficticios, facilitando a las primeras conservar su dominio sobre estas últimas, lo cual hace innecesario, en la mayoría de los casos, el uso de la fuerza física; contando para ello con un arsenal de métodos coercitivos sofisticados que incluyen la propaganda oficial, los espacios informativos y recreativos en radio y televisión, la publicidad comercial, la educación y la religión, entre otros elementos, algunos de los cuales se considerarían inocuos y, por lo tanto, libres de toda sospecha, aunque todos impliquen la práctica de una violencia simbólica que pocos perciben en su justa expresión. De esta manera, los sectores, grupos y estamentos beneficiarios del poder logran eternizar la condición de subordinación simbólica de las mayorías, haciendo de éstas sus principales puntos de apoyo; sin que el resentimiento que las mismas puedan manifestar en algún momento llegue a afectar las jerarquías políticas, sociales, culturales y económicas........
