La lucha por el salario. Un "combatiente clandestino", pensó ponerse en huelga por no recibir la mesada
Nota: "El cielo siempre está lejos", es una de mis novelas sin publicar. De ella, he tomado una parte, esta historia que toca el tema del salario o "la mesada", como decíamos en la jerga clandestina. El "indio Morgado", un personaje real de mucha significación en ese trabajo, según se cuenta en otros capítulos, había llegado al extremo de la resistencia. Los recursos del movimiento en el cual militaba eran muy escasos; distintos acontecimientos así lo habían determinado y por eso, la "mesada", a todos los dirigentes, militantes "a tiempo completo", lo que llamábamos "profesionales", había dejado de llegar. Formo parte de esta historia, como el contacto entre Morgado y la dirección nacional y narrador en primera persona. También aparecen personajes muy conocidos, inmersos en aquellas luchas bajo sus respectivos seudónimos.
Sobran razones que fundamentan aquello de Berthold Brecht, en "La ópera de los tres centavos", "lo primero es el comer, la moral viene después" y al Quijote, cuando dijo a Sancho, "vayamos a comer porque para tener el dominio de las armas hay que tener el dominio de las tripas".
Como que también es elemental que, para que la economía crezca, primero se necesita que haya mercado o consumidores; por asegurarse estos, las potencias desatan guerras. Si no hay salarios y en la medida para el consumo del bienestar humano, no hay quien compre y, en consecuencia, nadie produce para un mercado inexistente.
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"El indio" Morgado llegó al máximo de su capacidad de sacrificio
- "Bueno Morgado, aquí estoy. Sé que estás………"
Se detuvo un rato, mientras miraba a Morgado frente a él, como altivo y desafiante. Estaban dentro de una muy pequeña habitación donde apenas había una cama individual, de hierro y tejido de alambre sobre el cual descansaba una colchoneta muy delgada. Una ventana de pocas dimensiones, con dos puertas abiertas, que daba hacia el patio, dejaba entrar en abundancia el frescor aportado por el agitar de varios frondosos árboles allí plantados.
- "Bueno…", volvió a tomar la palabra, aunque interrumpió su anterior discurso para invitar a Morgado a sentarse . Le indicó amablemente ocupase la silla que se hallaba a un lado de la ventana y junto a una pequeña mesa que al parecer era usada como escritorio. Mientras que él, se sentó en el borde de la cama.
- "Perdona no te haya invitado a sentarte antes, son cosas de las preocupaciones que a todos nos aturden y especialmente por lo que tiene que ver con tu deseo de hablar conmigo y con urgencia."
Morgado miró hacia donde su interlocutor le señaló y tomó asiento, no sin antes decirle:
- "No te preocupes por esto. Entiendo bien cómo debes sentirte. Además, no dudes que bien sé apreciar me hayas atendido con prontitud, pese los avatares en que estamos envueltos."
Percibió por estas últimas palabras que el asunto Morgado no parecía tener la gravedad y menos la peligrosidad de lo que le habían hablado. Si bien al principio le pareció parco y poco cordial, ahora con el agradable frescor en la habitación que propiciaban los árboles del patio, parecía distinto y más proclive a entablar una conversación de camaradas que comparten las mismas dificultades.
- "Bueno hermano", volvió a hablar como al principio, antes de invitarle a sentarse, "aquí estoy dispuesto a escucharte; bien sabes que soy tu contacto con la Dirección Nacional y sólo eso me califica para estar ante ti y ser receptor de tus opiniones y hasta inconformidades. No hay nada más que eso."
Dijo aquello para contribuir a bajar tensiones y colocarse al mismo nivel de Morgado, de manera que la comunicación fuese más fluida, espontánea y lo más sincera posible. ¡Qué fuese una conversación entre iguales!
Morgado asintió a las palabras de su contertulio, sonrió y dio muestras de sentirse agradado y haberse quitado de encima una pesada carga. Bajó ligeramente la cabeza, se puso la mano derecha sobre la cara y deslizándola sobre ella, volvió a mirar de frente a quien le acompañaba en aquella pequeña pero agradable habitación.
- "¡Coño mano! Dime una vaina. ¿Qué están haciendo ustedes para subsistir? Nosotros, especialmente yo, que no soy de la zona, paso más hambre que ratón en ferretería y los otros compañeros profesionalizados que controlo, viven buscando la vida y poco cumpliendo las tareas que tenemos encomendadas."
Se sintió aún más aliviado que Morgado hubiese iniciado la conversación de esa manera. Le abría espacios para conversar cordialmente, compartir las preocupaciones y buscar soluciones a los problemas que pudiese plantear.
- "La situación nuestra es la misma de ustedes. De saber, nada sabemos cómo subsistimos. Creo que es más por la fuerza de la costumbre y el empuje inercial. Pero tú situación y justificada preocupación, en zona, donde somos relativamente muy débiles, se reproduce en todas partes."
Calló un rato para reacomodar la línea argumental y volvió a hablar al compañero que se mantenía callado en procura de una respuesta que no hallaba.
- "¡Cuánto daría yo por estar en tu lugar y no sentir el peso de esta responsabilidad!"
- "Bien sé y no te falta razón, que de esta entrevista esperas que busquemos soluciones a los problemas que te agobian. Pero lo único que puedo ofrecerte es escucharte y pedirte que me escuches. Que hablemos con franqueza para encontrar salida a este enredo."
Morgado se agitó en la silla en la cual estaba sentado, reacomodó el cuerpo, como para poner en su sitio las ideas, carraspeó y tomó la palabra:
- "Te confieso que todo esto por novedoso para mí me confundió y hasta estuve a punto de cometer una locura."
Habló de sus experiencias como dirigente sindical, portavoz del movimiento obrero y defensor del salario de los trabajadores. De su lucha constante para que la empresa pagase puntualmente y de acuerdo a lo contractual. De la solidaridad de los compañeros trabajadores para con él, de sólo verle al frente de sus asuntos. Pero ahora, el asunto se le planteaba al revés.
Los compañeros "profesionalizados" bajo su control y contacto, que apenas son cuatro o cinco en todo el Estado, le presionaban para que les entregue la asignación de la cual han venido viviendo y cubriendo sus necesidades básicas.
Se estaba sintiendo como el patrón a quien el movimiento obrero reclama justicia.
- "No me quedó otra alternativa que rendirme e identificarme plenamente con ellos. No tengo argumentos para estimularles para el trabajo y exigirles disciplina y lo peor, es que empezaron a mirarme como si fuese un patrón que no paga, y de la misma manera empecé a percibirte a ti."
- "La rabia y la vergüenza se amalgamaron en mí. Se sobrepusieron al compromiso que había contraído, a la nobleza de la lucha. El hambre mía y la de ellos, se sobrepuso a todo razonamiento y acordamos ponernos en huelga y hasta llegamos al absurdo de pensar en introducir un pliego conflictivo".
Sonrió con estudiada y forzada discreción para evitar herir a Morgado quien, en aquel momento, parecía por sus palabras y su entono, haber cambiado de opinión.
- "Quiero autocriticarme por haber sucumbido y dejarme llevar por el sentimentalismo y pragmatismo, en lugar de pensar en soluciones." "Perdí mi dignidad de dirigente y sucumbí."
- "Creo Morgado, que ya has hecho demasiado. Nadie puede pedirte más y no seré yo quien te juzgue. Quizás mis propias fuerzas ya se debilitan, por ustedes, quienes están cerca de mí y por mí mismo, que tengo obligaciones y deberes personales que no puedo eludir."
Calló un rato y volvió a hablar después de respirar hondamente, absorbiendo de aquel aire fresco y limpio que entraba por la ventana empujado por las ramas de los árboles.
- "Muchos, entre esos estoy yo, posiblemente tú, tenemos responsabilidades, compromisos, que nadie puede asumir por nosotros. Eso está dañando a otras personas que no entenderían nuestra actitud y hasta podrían juzgarnos como si fuésemos crueles."
- "Morgado, hay muchos otros que todavía pueden continuar pese a que el vendaval sólo nos ha dejado rastrojos y cenizas. Hay situaciones distintas y cada quien habrá de comprender."
El "indio", le interrumpió y apenado, se atrevió a preguntar, hablando con excesiva lentitud.
- "¿No pensarán mal de mí y de mis compañeros si nos legalizamos para producir, ganar un salario sin dejar el combate?"
- "En absoluto, yo me encargo de resolver y explicar eso para que quede claro."
Bien sabía que, situaciones como aquella que planteaba Morgado, surgían a diario en muchos frentes. Era preferible dejar que el compañero hiciese lo que estaba deseando, instigado por la simple subsistencia, que tratarle como si fuese un renegado. No había nada censurable en aquella actitud y hubiese sido cruel, obligarle a irse sintiendo que había pecado. Además de retirarse involuntariamente, se habría incitado a alguien a convertirse en un enemigo.
Morgado, después de abrazar al compañero, antes de despedirse como de alguien a quien cree, no verá más nunca, como en efecto, hasta ahora ha sido así, le dijo sonriendo, como en broma:
- "Olvídate del pliego conflictivo. Ni siquiera sé cómo, tú, mi patrón, el "viejo", en verdad se llaman. Aquella loca idea, fue solo eso, por las distorsiones que provoca el hambre y el desespero del hombre acorralado."
