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Cultura La cruz y el partido: Cómo el evangelismo conquistó el poder en EU

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04.08.2026

Muchos se preguntan por qué un hombre a todas luces inmoral como Donald Trump se convirtió en el  político más respaldado por los cristianos. La nueva relación entre las iglesias y la  política estadounidense solo puede explicarse a lo largo de las cinco décadas que le llevó al evangelismo convertirse en un elector influyente

El 5 de febrero de 2026, Donald J. Trump hizo otra vez de sí mismo: dio un discurso arquetípico plagado de insultos, ataques y falsedades conspiratorias. El asunto es que la reunión donde se dio la diatriba no era un mitin de MAGA-lovers en Dakota del Norte sino el National Prayer Breakfast, un encuentro que desde 1953 reúne al presidente de Estados Unidos con los principales referentes de las religiones del país. Lo llamativo de aquello es que nadie protestó por la altisonancia divisiva de Trump. Más bien, los 3 mil 500 religiosos reunidos en el Washington Hilton Hotel se pusieron de pie y celebraron con una ovación al presidente mefistofélico.

¿Qué pasó? Se abrió el averno: un cambio estructural en la relación entre poder y credo que ha borrado la separación de Iglesia y Estado de la –¿aún?– mayor democracia del mundo para asegurar una nueva concepción del Estado, el gobierno, la república y la  economía nada secular. Que el hombre moralmente menos dotado sea, hoy, el más indicado para garantizar victorias a ciertas iglesias no es, en rigor, milagro ni posesión: el evangelismo tomó el poder de Estados Unidos tras una paciente, ardua tarea de cinco décadas, el tipo de trabajo a largo plazo que hace sólidas a las instituciones. Este ensayo es su recorrido.

1. La Mayoría Moral y el dios republicano (1979-2008)

En 1979, mientras Jimmy Carter ocupaba la Casa Blanca, un pastor bautista llamado Jerry Falwell pronunció la frase que cambió el último medio siglo en Estados Unidos: "Los predicadores no tienen por qué meterse en política, pero yo he cambiado de opinión".

No era un giro menor. Falwell había pasado quince años instando a sus colegas del púlpito a mantenerse alejados del mundo secular, pero ahora se convertía en uno de los primeros pastores en romper con la separación entre Iglesia y política. Quien lo animó a asumir que el reino de Dios podía ser indestructible si se apoderaba de la realpolitik fue Paul Weyrich, un exseminarista católico volcado ya al menester de cambiar el Estado. La organización que ambos crearon daría nombre a una era: la Mayoría Moral (MM).

La MM fue una máquina política disfrazada de revival. Su programa era concreto como una plataforma de partido: oposición al aborto, rechazo a los derechos de los homosexuales, apoyo irrestricto a Israel, recuperación de la oración en las escuelas públicas y rearmamento masivo de Estados Unidos frente a la Unión Soviética. Ni una coma atrás ni otra delante. El historiador John Fea dijo que la MM entendió que "la teología era el mejor lenguaje para hacer política de masas en Estados Unidos". La experiencia histórica le dio la razón.

Falwell y Weyrich comprendieron que la religión organizada era el único sistema de distribución ideológica capaz de llegar al ciudadano promedio una vez por semana, en persona, con propaganda controlada, sin ningún tipo de costos y con una autoridad moral intacta. Ya quisiera Coca-Cola eso. La iglesia era, funcionalmente, el partido en el territorio y los primeros en verlo fueron los asesores de Ronald Reagan.

En 1980, durante una conferencia de líderes religiosos en Dallas, Reagan selló su pacto con la MM: "Sé que ustedes no pueden respaldarme, pero yo sí los respaldo a ustedes". Fue una declaración de dependencia mutua: Reagan necesitaba los votos que los pastores movilizaban y los pastores un presidente que les devolviera el peso que la revolución cultural de los sesenta les había arrebatado. Esa alianza, escribió el historiador Randall Balmer en Thy Kingdom come, fue un negocio deliberado y rentable para religiosos y republicanos.

Hay un detalle que el mito suele ocultar: la cuestión que unió a los cristianos y el Partido Republicano no fue el aborto, como se cree, sino el dinero: la amenaza del Servicio de Rentas Internas de retirar la exención fiscal a los colegios privados blancos que habían florecido en el sur después de la sanción de las leyes de derechos civiles de John F. Kennedy. El brazo del gobierno metido en las escuelas de dios movilizó a la base evangélica sureña hacia la  política activa y Weyrich se encargó de canalizarla hacia Reagan.2 El aborto llegó después, como el argumento noble que tranquilizaba las almas.

Durante los años ochenta de Reagan, la MM construyó lo que el sociólogo Robert Wuthnow llamó "la reestructuración de la religión americana":3 un desplazamiento del eje identitario desde las denominaciones –eres bautista, metodista, presbiteriano– hacia el  político –eres conservador o liberal–. La Mayoría Moral se disolvió formalmente en 1989, cuando Falwell declaró que su misión había triunfado, pero la infraestructura permaneció y, más aún, se perfeccionó.

En 1994, seis años después del fin de la MM, la Christian Coalition liderada por Ralph Reed –dominada por bautistas, protestantes y pentecostales– distribuyó 33 millones de guías electorales en las iglesias de todo el país. Ese año, los republicanos recuperaron la Cámara de Representantes por primera vez en cuatro décadas. Un año más tarde, en 1995, la revista Time puso en su portada a Reed con el título: "La mano derecha de Dios".

La otra figura central de ese puente entre republicanos y cristianos blancos fue James Dobson, el fundador de Focus on the Family, una organización que llegó a producir programas de radio para casi treinta millones de personas en un centenar de países. Dobson era duro y doctrinario, pero tenía un carisma comunicacional de profeta. Su voz en la radio era la autoridad moral que guiaba y reconvenía a los hogares evangélicos de todo Estados Unidos.

El mejor producto político de esta alianza –el jabón que todo lo lavaría y cualquier familia compraría– fue George W. Bush, una metáfora perfecta: el hijo no pródigo, alcohólico y extraviado, que se redime tras caminar el desierto del sacrificio. Karl Rove, el arquitecto político histórico del Partido Republicano, dijo a inicios de la campaña de reelección presidencial de 2004 que la diferencia entre ganar y perder radicaba en movilizar a los cuatro millones de evangélicos blancos que no habían votado en 2000, así que Bush hijo reclutó a los líderes evangélicos sabiendo que tenían detrás una fuerza convencida e infatigable.

El periodo Reagan-Bush II estableció los cimientos de una alianza que había dejado de........

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