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Canarias s.a.: poder, propiedad y clases sociales en un archipiélago dependiente

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03.08.2026

Canarias recibe cada año una cantidad de visitantes que multiplica varias veces su población. Los hoteles registran elevados niveles de ocupación, el gasto turístico alcanza cifras históricas y las autoridades celebran casi cada temporada como un nuevo éxito económico. En 2024, el Archipiélago recibió 17,77 millones de turistas. Un año después, el gasto turístico superó los 23.185 millones de euros. El producto interior bruto creció en 2024 un 4,4%, por encima del promedio español.

Si estos fueran los únicos datos disponibles, habría motivos para pensar que las islas atraviesan una envidiable etapa de prosperidad. Pero basta con apartar la mirada de los aeropuertos o las zonas más turísticas y dirigirla hacia los barrios populares para descubrir otra realidad. En 2025, el 31,2% de la población continuaba en riesgo de pobreza o exclusión social. El 38,2% de los asalariados cobraba menos de 1.582 euros brutos mensuales. La remuneración media por trabajador era una de las más bajas del Estado. Y el 10% más rico concentraba alrededor del 60% de la riqueza, mientras la mitad más pobre de la población apenas reunía entre el 2% y el 4%.

No estamos ante dos Canarias distintas. Se trata de la misma sociedad contemplada desde dos lugares opuestos que, sin embargo, se encuentran perfectamente interconectados. El éxito turístico y la precariedad social no son fenómenos que coinciden casualmente en el tiempo. Son dos resultados de un mismo modelo económico.

LOS "MONOCULTIVOS" CAMBIAN, LA DEPENDENCIA PERMANECE

Para comprender una sociedad no basta con describir sus instituciones o sus costumbres. Hay que localizar las relaciones económicas que organizan la vida: quién posee los recursos fundamentales, quién trabaja con ellos, quién decide qué se produce y quién se apropia del excedente generado. Y, para comprender estas relaciones de forma cabal, resulta preciso historiar cómo se desarrollaron a lo largo del tiempo.

La conquista castellana del siglo XV incorporó violentamente a las Islas al mercado mundial que comenzaba a formarse. Canarias no entró en él como un territorio autónomo capaz de decidir su desarrollo, sino como una plataforma de producción y circulación subordinada a necesidades e intereses externos.

El azúcar conectó tempranamente el Archipiélago con los circuitos mercantiles europeos. Después llegaron el vino, la cochinilla, el plátano y el tomate. Cada ciclo parecía abrir una nueva etapa, pero reproducía una estructura semejante: especialización en unos pocos productos destinados al exterior, dependencia de compradores y transportistas foráneos, concentración de la tierra y el agua e importación de buena parte de los bienes necesarios para mantener a la población.

Las élites insulares, por supuesto, no fueron meras "víctimas" de esta subordinación. Terratenientes, aguatenientes, comerciantes y exportadores participaron activamente de este modelo y se enriquecieron gracias a él. Su poder procedía tanto de la propiedad de los recursos esenciales para la supervivencia como de su capacidad para actuar como intermediarios entre esos recursos y el trabajo de la mayoría social y los centros exteriores que controlaban los mercados, el crédito y la navegación. La "dependencia" de una región de la periferia capitalista no significa que todo el poder económico se encuentre fuera de las Islas y dentro de ellas exista una comunidad homogénea perjudicada por igual. Existe una burguesía canaria que siempre ha obtenido grandes beneficios. Su posición, sin embargo, ha estado históricamente subordinada a su asociación con capitales y mercados más poderosos.

En este contexto, la economía podía cambiar de "monocultivo" sin modificar las relaciones que han configurado la sociedad canaria a lo largo de los siglos. Y eso fue exactamente lo que ocurrió cuando, a partir de los años 60 y 70, el turismo comenzó a sustituir a la agricultura de exportación como actividad dominante en el Archipiélago.

EL HOTEL COMO NUEVO MONOCULTIVO

El turismo no es idéntico al cultivo del azúcar o del plátano. Produce servicios, moviliza numerosas actividades y requiere infraestructuras mucho más complejas. Pero desempeña una función comparable dentro de la inserción de Canarias en el mercado capitalista mundial: organiza buena parte del territorio y del trabajo insular en torno a una demanda que se genera en el exterior y sobre la que la población canaria tiene escasa capacidad de decisión.

No existe un decreto que obligue a todos los capitales a invertir en hoteles, urbanizaciones o alquileres vacacionales. La especialización se impone mediante un mecanismo mucho más eficaz: la rentabilidad. El crédito, las infraestructuras, el planeamiento urbano, las bonificaciones fiscales y la inversión pública orientan continuamente el capital hacia........

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