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Irán trastoca el Medio Oriente

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18.06.2026

La guerra de Irán remodeló el escenario geopolítico de Medio Oriente y la impactante derrota sufrida por Estados Unidos genera serios replanteos en la elite imperial. Algunos miembros de ese círculo aceptan el fracaso y proponen gestionarlo, otros exigen subir la apuesta bélica y la mayoría vacila sin definir el curso a seguir. Todos intuyen la cercanía de un punto de inflexión en el dominio regional de la primera ponencia, pero ese viraje aún depende del resultado del conflicto y del armisticio en marcha.

Nadie sabe qué duración y consistencia tendrá el acuerdo de alto fuego que se aprestan a firmar Estados Unidos e Irán. Son incontables los antecedentes de compromisos que violaron los gobiernos norteamericanos. Los términos que se conocen del convenio indican un categórico triunfo de Irán. Todos los analistas de la prensa internacional coinciden en destacar, que las condiciones exigidas por Teherán han prevalecido.

Trump no logró ninguno de los objetivos de su incursión bélica. No hubo cambio de régimen, desarme, ni limitación al uso de misiles. El magnate presenta como una gran victoria que Irán "nunca tendrá un arma nuclear", pero es una jactancia ridícula porque el gobierno de los Ayatollahs siempre rechazó la fabricación de esa bomba. Le asignó a esa restricción una dimensión religiosa (fatua) y estimó que ese instrumento no era útil para la defensa del país.

El compromiso a suscribir contempla las mismas limitaciones al enriquecimiento de uranio, que Teherán acepta desde hace décadas. En medio de su fracasada guerra, el Pentágono intentó asaltar y robar los depósitos de uranio, en el operativo más fallido de toda la contienda.

El acuerdo permitiría en lo inmediato normalizar la navegación en el Golfo y disipar la amenaza de crisis económica por aumento del precio de petróleo, que tanto preocupa a Trump. Pero a cambio de ese gesto, el magnate debió comenzar a levantar las sanciones comerciales y financieras. También reconoce de hecho el reforzado control que Irán ha instaurado sobre el estrecho de Ormuz. En el escenario previo a la guerra no ostentaba un manejo tan significativo. En los últimos meses comenzó a cobrar importantes peajes y está en discusión qué forma asumirá esa percepción en el futuro. 

El punto crítico es Israel, porque Netanyahu está empeñado en destruir el acuerdo con bombardeos al Líbano que demuelen todos los compromisos. Irán ya vetó el intento estadounidense de divorciar la tregua en el Golfo de la guerra que Israel despliega en sus fronteras. Por esa demanda de Teherán, la situación del Líbano quedó explícitamente incorporada en el convenio de alto fuego. Pero más allá de las incontables peripecias que afectarán a esa negociación, la guerra ha creado un nuevo escenario en toda la región.

Trump lanzó el ataque esperando un rápido triunfo y afronta una derrota mayúscula. Por ese resultado quedó mareado, desesperado y temeroso de una gigantesca humillación. Su anunciada excursión de fin de semana derivó en un conflicto prolongado que el magnate no supo gestionar. Formuló propuestas impracticables, se contradijo todos los días y no encontró la manera de disfrazar su revés con proclamas de victoria.

Llegó a emitir apocalípticas amenazas de destrucción de la civilización iraní, para negociar de inmediato con la agenda de su enemigo. No logró procesar nunca la fulminante adversidad que afrontaron sus tropas frente a Teherán. 

La primera sorpresa fue la oleada de misiles iraníes que destruyeron los radares estadounidenses del Golfo. La segunda conmoción provino de la magnitud del arsenal persa y la efectividad de sus disparos. Desplegaron una gran reserva de drones baratos, que anularon los carísimos e ineficaces interceptores de las baterías yanquis. 

Rusia y China aportaron a los iraníes la información satelital requerida para alcanzar con certeza los objetivos de cada andanada. Teherán utilizó, además, nuevas tácticas navales, eficientes sistemas de defensa costera, vehículos no tripulados y lanchas de ataque rápido, que neutralizaron la monumental (y barroca) presencia de los navíos estadounidenses.

Al cabo de varios meses de confrontaciones han quedaron invalidados varios presupuestos del predominio imperial en la zona. Perdió credibilidad la primacía del Pentágono, la invencibilidad del militarismo israelí y la inmunidad de las dictaduras del Golfo. 

Irán ganó la guerra con una estrategia de desgaste más efectiva, que la política de simple destrucción intentada por Estados Unidos (Poch, 2026). Trump apostó a un bloqueo naval para estrangular la economía iraní, con la expectativa de forzar la capitulación de su dirigencia. Pero ese liderazgo no se rindió y afrontó con éxito la aventura de su enemigo, recurriendo a una paciencia estratégica que doblegó al agresor. Teherán asimiló de Moscú y Beijing, la tónica exigida para confrontar con la torpeza y la improvisación que caracteriza al ocupante de la Casa Blanca. 

La ceguera política del magnate lo llevó a imaginar un vertiginoso desmoronamiento del régimen iraní, luego de asesinar al presidente de ese país. Con la misma miopía apostó a una revolución de colores, que derivó en un proceso opuesto de consolidación de la resistencia a la agresión imperial (Escobar, 2026).

Trump esperaba utilizar a sus aliados kurdos de la zona, para impulsar un ataque coordinado desde Azerbaiyán. Pero sus socios percibieron los enormes riesgos de esa incursión, que Irán contrarrestó con dos amenazas simétricas: impulsar una sublevación chiita en Bahréin y acrecentar los operativos de Yemen en el Mar Rojo.

Con esas respuestas, Teherán llegó a la negociación con una posición de fuerza y con el control de la escalada. Continúa afrontando el riesgo de sangrientos ataques aéreos, pero ya anunció que respondería aniquilando toda la infraestructura de los Estados del Golfo. 

Esa demolición provocaría, a su vez, una crisis mundial extrema de abastecimiento de gas licuado, fertilizantes y combustibles. La capacidad de exportación de Qatar se encuentra seriamente afectada, los Emiratos perdieron fortunas, Kuwait resignó ventas mayúsculas y Arabia Saudita incumplió contratos.

Irán ha exhibido al mundo su capacidad para bloquear el estrecho de Ormuz, con dispositivos capaces de pulverizar refinerías, campos petroleros y plantas desalinizadoras de toda la península arábiga. Actúa con proporcionalidad y con respuestas equiparables a los golpes recibidos.

Con su manejo del estrecho ilustró el alcance de esa reacción en el plano económico. Irán definió cuáles son los barcos que atraviesan Ormuz y recolectó........

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