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El 5 de Julio y la Audacia de Parir una República (II)

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19.05.2026

‎ ¡Soldado Tuyo, Pueblo Mío!

‎"¡INDEPENDENCIA ABSOLUTA O MUERTE!"

‎ El 5 de julio no cayó del cielo. Fue tejido con debate, calle y convicción. Un dato que los manuales suelen pasar por alto: antes de que se alzaran las manos en el Congreso, hubo un trabajo de hormiga y de fuego liderado por Juan Germán Roscio. Mientras algunos temían al cambio y otros buscaban pactos discretos con la Corona, Roscio recorrió provincias, escribió proclamas, redactó el Reglamento para la elección de diputados y abrió las puertas del Congreso a voces que antes eran silenciadas. No fué solo un abogado ilustrado; fué un arquitecto de la participación popular. Entendió que una república sin pueblo es un cascarón vacío. Así, garantizó que la declaración no fuera un pacto de élites, sino un mandato construido desde abajo.

‎Y aquí va la corrección histórica que ilumina el presente: el 5 de julio no se firmó un acta terminada. Ese día se votó la ruptura. La decisión política se tomó con un golpe de manos y un grito de ¡Independencia absoluta!. El documento físico, el acta que hoy conocemos, se redactó, pulió y firmó días después. ¿Por qué importa esto? Porque nos enseña que la soberanía no nace de un papel, nace de una voluntad política firme que se materializa después. La historia no premia la espera burocrática; premia la audacia de decidir.

La historia no es un museo de fechas muertas; es un arma que se empuña cuando el pueblo decide no ser súbdito de nadie. El 5 de julio de 1811 no fue una firma tranquila en un salón de mármol. Fue un parto sangriento de........

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