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Alexandra en la memoria

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09.03.2026

El 8 de marzo como día de la mujer trabajadora

Cada 8 de marzo, el mundo se tiñe de morado. Pero no todo lo que brilla es lucha. Entre anuncios comerciales y discursos institucionales, emerge una fecha que en su origen más profundo es indisociable de la lucha de clases y de la memoria de aquellas que entregaron su vida a la revolución.

Este 8 de marzo no es un día de flores. Es el día de la mujer que se rebela. Y este 9 de marzo se cumplen 74 años de la muerte de una de sus mayores exponentes: Alexandra Kollontái, la revolucionaria rusa que entendió que la liberación de la mujer no llegaría por la buena voluntad de los patronos, sino por la transformación radical de la sociedad.

El origen: cuando las obreras tomaron la calle

El 8 de marzo no nació en un despacho de Naciones Unidas. Nació en las calles heladas de Petrogrado, el 23 de febrero de 1917 (8 de marzo en nuestro calendario), cuando las trabajadoras textiles, hartas del hambre y la guerra, se lanzaron a la huelga exigiendo "Pan y Paz". Ese grito de mujeres con manos agrietadas fue la chispa que derribó al zar y encendió la Revolución Rusa.

Antes hubo décadas de organización. Mujeres como Clara Zetkin, que en 1910 propuso un Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Y sobre todo, hubo Alexandra Kollontái.

Kollontái: la revolución tiene nombre de mujer

Nacida en San Petersburgo en 1872, Kollontái podía haber vivido en la comodidad de la nobleza. En lugar de eso, con 23 años participaba en huelgas textiles. Veía a esas mujeres trabajar 18 horas diarias, morir antes de los 30, agotadas por la fábrica y por el trabajo del hogar. Y entendió algo fundamental: la emancipación de las mujeres trabajadoras solo sería posible integrada en la lucha por el socialismo, junto al resto de la clase obrera.

Luchó en el Partido Obrero Socialdemócrata para que reconocieran la igualdad de derechos. En 1903, el partido ruso se convirtió en el primero del marxismo en inscribir en su bandera la liberación de la mujer. Y cuando triunfó la Revolución de 1917, Kollontái hizo historia: fue la primera mujer en formar parte de un gobierno, como Comisaria del Pueblo para la Salud y el Bienestar Social.

Desde allí empujó leyes revolucionarias: despenalización del aborto, divorcio rápido y gratuito, salarios de maternidad, guarderías y hogares infantiles. No era caridad. Era socializar el trabajo doméstico, liberar a la mujer de la doble jornada para que pudiera ser sujeto político.

Murió el 9 de marzo de 1952, silenciada por el estalinismo, apartada de la vida pública. Pero su legado no murió.

El legado teórico: reproducción social y capitalismo cognitivo

Kollontái fue pionera en señalar que el capitalismo no solo explota el trabajo asalariado, sino que se sostiene sobre el trabajo invisible de las mujeres en los hogares. Ese trabajo de cuidar, criar, limpiar y sostener la vida es el pilar que permite que el sistema funcione. Y es gratis.

Hoy, Tithi Bhattacharya retoma esa intuición en su Feminismo para el 99%. Critica al feminismo liberal que solo busca que unas pocas mujeres lleguen a ser CEO, y propone un feminismo anticapitalista, antirracista y antiimperialista que ponga la vida en el centro. La lucha por la vivienda, la sanidad o la educación es tan feminista como la lucha contra la violencia machista.

Cristina Morini añade: en el capitalismo actual ya no se explota solo la fuerza de trabajo, sino la vida entera. Habla de feminización del trabajo: la precariedad, la flexibilidad, la disponibilidad total, que antes eran características del trabajo femenino, se han convertido en el modelo para toda la clase trabajadora. Es el capitalismo cognitivo, la puesta de la vida a trabajar. Nuestras emociones, relaciones y tiempo de ocio son capturados y puestos a producir valor.

La realidad hoy: datos que duelen

· Brecha salarial: las mujeres ganan un 20% menos que los hombres. Al ritmo actual, la igualdad salarial tardará 131 años.

· Trabajo informal: el 60% de las mujeres trabajadoras del mundo lo hace sin contrato ni derechos.

· Trabajo de cuidados no remunerado: las mujeres realizan tres veces más horas que los hombres. Si se pagara, valdría entre el 10% y el 39% del PIB mundial.

· Pobreza feminizada: para 2030, 342 millones de mujeres vivirán en pobreza extrema. Los hogares con jefatura femenina son los más pobres.

· Guerra y violencia: en los conflictos, la violación se usa como arma de guerra. Las mujeres desplazadas son las más vulnerables. El matrimonio infantil se dispara en las crisis.

Este es el rostro del capitalismo para las mujeres. Frente a esto, el "empoderamiento individual" es un chiste de mal gusto.

El círculo que se cierra

Kollontái murió un 9 de marzo. Tal vez sea un símbolo: su vida terminó justo al día siguiente de ese 8 de marzo que ella ayudó a forjar con su lucha. Pero su muerte no fue un final. Su legado ha atravesado décadas de silencio y hoy vuelve con más fuerza.

Cuando Bhattacharya habla de poner la vida en el centro, está diciendo lo mismo que Kollontái cuando impulsaba guarderías y hogares infantiles: socializar el trabajo reproductivo para que las mujeres puedan ser libres.

Cuando Morini analiza la feminización del trabajo, actualiza la intuición de Kollontái de que la explotación de la mujer tiene formas específicas que el marxismo debe incorporar.

Cuando vemos los datos de hoy —precariedad, pobreza, guerra— entendemos que la lucha de Kollontái no es una reliquia del pasado. Es una tarea urgente del presente.

Este 8 de marzo, cuando salgas a la calle, recuerda que no estás conmemorando un incendio fabril ni celebrando un día de la "mujer florero". Estás pisando el mismo suelo que pisaron las obreras textiles de Petrogrado en 1917. Estás recogiendo la bandera que dejó caer Kollontái.

El feminismo que necesitamos no es el que pide un lugar en la mesa del capitalismo, sino el que cambia los cimientos de la mesa. Es el feminismo del 99%, el que une la lucha contra la precariedad con la lucha contra la guerra, el que no separa la clase de la raza ni del género, el que entiende, como Kollontái, que la liberación de la mujer solo será posible con la liberación de toda la humanidad.

"Una mujer podrá tener igualdad de derechos y ser verdaderamente libre sólo en un mundo de trabajo socializado, de armonía y justicia social y económica."

¡Viva la lucha de las mujeres trabajadoras! ¡Viva el 8 de marzo, día de huelga y rebelión! ¡Alexandra Kollontái, presente!


© Aporrea