Eficiencia burocrática
Empieza a ser frecuente acudir al término eficiencia en la normativa legal por parte de los dirigentes políticos de la sociedad del espectáculo para expresar el propósito de mejora de la burocracia. Aunque la eficiencia real estaba reservada a otras actividades, generalmente las que tienen repercusión en el mercado, la burocracia pública no ha desaprovechado la ocasión para usar la etiqueta de eficiencia, a pesar de que su funcionamiento continúa mirando hacia el pasado, siguiendo los cánones tradicionales. Si se habla de entrar en el terreno de la eficiencia en su operativa, probablemente es porque se reconoce que escasea y el aparato no funciona como debiera. En cualquier caso, es de dominio público que, salvo en temas relacionados con sanciones, recaudación o vigilancia, la burocracia anda a trompicones y, en tal estado, los asuntos de su competencia marchan simplemente por inercia, pese a sus propósitos de mejora. No obstante, si se escucha la propaganda todo parece ir sobre ruedas, hasta que algún medio de difusión saca a relucir sus carencias.
Buena parte de esa eficiencia aparente de tintes burocráticos, animada por la idea de utilizar los recursos de que se dispone de forma racional para obtener unos buenos resultados, que luego desemboca en la rutina habitual, está afectada por el peso del burócrata tradicional, muy atento a trabajar........
