“El patronazgo invisible”
Llama profundamente la atención del observador —en este caso, incluso del que menos observa—, si pone la mirada en este panorama político servido por los medios y que, tratando de llamarlo del alguna manera, se le coloca la etiqueta de democracia —para tapar lo más cercano que es la empresocracia y el autoritarismo de los usuarios del poder.—, que el sistema montado funcione. Atendiendo a lo sustancial del asunto, mirando a los operadores de la máquina política, resulta que no gozan de una mínima apreciación popular —que se pone de manifiesto a la menor ocasión de dar salida a libertad de expresión—, pero permanecen ahí sorteando el oleaje, con sus ocurrencias y continuos desaciertos, situados de manera inamovible, aprovechando el voto de los suyos y otras componendas menores propias de la política. Parecería algo inaudito en cualquier país que se coloca la etiqueta de progresista, como aquí sucede, pero, pese a la antinomia aparente, tiene cierto fundamento tal situación, aunque no sentido.
Hablando de este tema tan debatido en los medios, por una parte, cabe señalar que las ideologías siguen funcionando, aunque mucho más apagadas, ya que la rutina continúa marcando la tendencia de la mayoría de creyentes. Por otra, hay que tener en cuenta a los políticamente agradecidos, aquellos que no son nada al margen de una tendencia en la que apoyan sus eslóganes políticos; también a los económicamente beneficiados, es decir, los que sacan tajada de la........
