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La Inteligencia Artificial y la Energía Venezolana: Entre la Represa de Guri y el Espejismo del Silicio Verde

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21.03.2026

La Inteligencia Artificial (IA) se ha consolidado indiscutiblemente como el catalizador silencioso de una nueva era tecnológica, pero también como el epicentro de una profunda paradoja energética global. Por un lado, la IA se presenta como un aliado inigualable en la lucha contra la crisis climática. Sus algoritmos de aprendizaje automático dotan a iniciativas como la coalición Climate TRACE de una capacidad de monitoreo planetario sin precedentes. Estos "ojos que todo lo ven" son capaces de rastrear y cuantificar las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) de casi 745 millones de activos en tiempo real, transformando la opacidad climática en una transparencia operativa indispensable para la sostenibilidad.

Sin embargo, esta herramienta de vigilancia y optimización lleva consigo una huella de carbono en rápida expansión. La infraestructura que sostiene este poder computacional —los centros de datos— exige cantidades de electricidad que desafían las proyecciones más pesimistas. Según la Agencia Internacional de Energía (AIE), el consumo eléctrico de estos centros alcanzó aproximadamente 415 teravatios-hora (TWh) en 2024, una cifra que ya equivalía al 1.5% del consumo eléctrico global. La alarma no es solo por el volumen actual, sino por la trayectoria: se proyecta que este consumo podría duplicarse con creces para el año 2030. Este crecimiento exponencial materializa la paradoja central de nuestra era: la IA es simultáneamente el motor de la eficiencia climática y una de las fuentes de demanda energética de más rápido crecimiento en el planeta, ejerciendo una presión crítica sobre las redes eléctricas mundiales.

El Dilema Venezolano: El Guri como Punto Único de Falla

Para naciones en el Sur Global con infraestructuras energéticas frágiles, como Venezuela, este dilema se condensa en la monumental figura de la Central Hidroeléctrica Simón Bolívar, o El Guri.

A primera vista, la lógica es tentadora y, en apariencia, irrefutable. El Guri, con una capacidad instalada que supera los 10.000 MW, representa una fuente masiva de energía hídrica: renovable, autóctona y, teóricamente, limpia. Se percibe como el cimiento ideal para la construcción de mega-centros de datos de IA con una huella de carbono base cercana a cero. La narrativa simplista sugiere que la vasta riqueza hídrica del país podría impulsar el desarrollo del sector tecnológico nacional, transformando la energía renovable en innovación.

No obstante, un análisis riguroso desmantela esta solución, exponiéndola como una quimera energética y un ejemplo de cómo la ambición tecnológica puede ignorar la realidad infraestructural. El Sistema Eléctrico Nacional (SEN) de Venezuela depende de El Guri para proveer más del 60% de su energía, una concentración que convierte a la represa en un punto único de falla estructural. Esta dependencia extrema no solo crea ineficiencia, sino que hace que la estabilidad energética del país sea rehen de los patrones climáticos, especialmente de los fenómenos de El Niño.

Vulnerabilidad Climática e Inseguridad Energética

La vulnerabilidad se hace palpable durante las épocas de sequía. Las reducciones históricas del nivel del embalse han llevado a la represa a límites críticos en múltiples ocasiones, comprometiendo drásticamente no solo su capacidad de generación total, sino también la frecuencia y estabilidad de todo el SEN. La consecuencia directa es la endémica inestabilidad eléctrica que se traduce en apagones recurrentes y prolongados que socavan la calidad de vida, afectando hospitales, escuelas, el suministro de agua y la actividad productiva básica.

En este contexto de precariedad energética, la propuesta de desviar una porción considerable de la energía de El Guri para sustentar un sector industrial de altísimo consumo, como el de los centros de datos de IA (que operan 24/7 y requieren una potencia constante), se vuelve no solo insostenible desde el punto de vista técnico, sino profundamente cuestionable desde una perspectiva ética y social. Representaría una peligrosa priorización: privilegiar una demanda de lujo tecnológico e industrial por encima de la seguridad energética básica y la continuidad de los servicios esenciales para la población.

La Estrategia Dual para una IA Verdaderamente Sostenible

La principal lección que emerge del caso Guri es que para los países con infraestructuras energéticas frágiles, altamente centralizadas y dependientes de una sola fuente renovable, la adopción de tecnologías de alto consumo energético como la IA exige una estricta priorización y una reestructuración de la matriz. La solución no es, bajo ningún concepto, construir nuevos centros de datos conectados a una fuente que ya es vulnerable e inestable. La prioridad debe ser fortalecer el entramado energético nacional.

La única vía para que la IA en el Sur Global sea un factor de desarrollo y no un acelerador de la inseguridad energética requiere de una estrategia dual y secuencial que garantice la resiliencia antes que el crecimiento:

Prioridad Absoluta a la Resiliencia y Diversificación: Se requiere una inversión urgente y estratégica en la estabilización y la redundancia del Sistema Eléctrico Nacional. Esto implica, imperativamente, reducir la dependencia del Guri mediante la diversificación de fuentes. La inversión debe enfocarse en la Generación Distribuida (GD) no intermitente (como el gas o la biomasa gestionada) y, crucialmente, en la masificación de fuentes renovables distribuidas no convencionales (solar y eólica) en puntos geográficos diversos. Este enfoque alivia la presión sobre el Guri y protege a la población de los riesgos derivados de los choques climáticos (sequías).

Prioridad Absoluta a la Resiliencia y Diversificación: Se requiere una inversión urgente y estratégica en la estabilización y la redundancia del Sistema Eléctrico Nacional. Esto implica, imperativamente, reducir la dependencia del Guri mediante la diversificación de fuentes. La inversión debe enfocarse en la Generación Distribuida (GD) no intermitente (como el gas o la biomasa gestionada) y, crucialmente, en la masificación de fuentes renovables distribuidas no convencionales (solar y eólica) en puntos geográficos diversos. Este enfoque alivia la presión sobre el Guri y protege a la población de los riesgos derivados de los choques climáticos (sequías).

Eficiencia Extrema y Generación Dedicada para la IA: Los nuevos proyectos de centros de datos de IA, si se construyen, deben estar sujetos a los más altos estándares globales de eficiencia energética (PUE cercanos a 1.1 o inferiores-Eficacia del Uso de la Energía (Power Usage Effectiveness)) y, más importante aún, deben ser obligados a alimentarse prioritariamente de su propia Generación Distribuida Renovable (GDR) dedicada. Esto significa que cada centro de datos debería ir acompañado de su propio parque solar o eólico, diseñado para satisfacer su demanda específica, garantizando que el consumo de IA no se transfiera a la red eléctrica pública ya sobrecargada e inestable.

Eficiencia Extrema y Generación Dedicada para la IA: Los nuevos proyectos de centros de datos de IA, si se construyen, deben estar sujetos a los más altos estándares globales de eficiencia energética (PUE cercanos a 1.1 o inferiores-Eficacia del Uso de la Energía (Power Usage Effectiveness)) y, más importante aún, deben ser obligados a alimentarse prioritariamente de su propia Generación Distribuida Renovable (GDR) dedicada. Esto significa que cada centro de datos debería ir acompañado de su propio parque solar o eólico, diseñado para satisfacer su demanda específica, garantizando que el consumo de IA no se transfiera a la red eléctrica pública ya sobrecargada e inestable.

Solo cuando la infraestructura energética de un país es robusta, diversificada y capaz de garantizar la seguridad básica de su población, la energía renovable puede ser considerada un recurso disponible y ético para el consumo de la IA. De lo contrario, el potencial tecnológico de la IA solo servirá para agravar la inseguridad energética y la inestabilidad social. En este escenario, intentar vender El Guri como el emblema de una "IA verde" en Venezuela no sería un acto de innovación, sino la manifestación de un sofisticado y peligroso greenwashing a escala nacional, que enmascara la fragilidad sistémica bajo el brillo del silicio.


© Aporrea