¿Por Qué la Resurrección de Jesús no Rompe Todas Nuestras Categorías?
La pregunta me la he hecho yo y me ha costado llegar a puerto con la respuesta. Por un lado, si nosotros hubiésemos vivido al comienzo del siglo I en Judea (patria del pueblo judío de entonces) la expectativa y anhelo de ser salvados de la opresión de los romanos por la “mano” del Mesías serían palpable y acuciante por todas las consecuencias de la ocupación, que ya duraba más de 70 años.
Que primero viniera una figura profética como Juan, que esbozaba el recuerdo del profeta Elías, quién se había profetizado que antecedería al Mesías, luego de “400 años de silencio” sin profetas. Que el profeta Juan reconociera a Jesús como “el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo”, y luego Jesús comenzara a anunciar “el Reino de Dios está aquí, arrepiéntete y cree”.
Imagina que tú hubieses sido uno de los que escuchó sus enseñanzas, vistes sus portentosos milagros y cómo enfrentó a los líderes religiosos mostrando su hipocresía y portando una autoridad que nadie había visto, oído o escuchado sino acaso en algún profeta de hacía cientos de años. Comenzaste a seguirlo, vendiste tu pequeña casita y todo lo que tenías para seguirle. Claro, las limitaciones de tu mundo serían destruidas por la esperanza en el Mesías, porque al fin todo iba a cambiar. Éste era el enviado de Dios que redimiría para siempre a Israel. Cuando, luego de tres años, todo lo que habías visto te decía “es este al que esperábamos”, le seguiste con una inmensa cantidad de familias y tribus de todas partes a la Pascua en Jerusalén, que ese año coincidía con el sábado. Ahí estaba Él enseñando cada día en el templo. ¿Será esta la Pascua donde YAVÉ nos libere?
Pero, durante el viernes en la mañana, cuando........
