Contar el desastre: la ética de la reconstrucción (I)
Los hechos obligan a pensar, a pisar una y otra vez el suelo roto sobre el que los venezolanos hoy trajinamos.El saldo oficial de los dos sismos ocurridos con apenas 39 segundos de diferencia superaba hasta el 9 de julio los 3.800 fallecidos y los 16 mil heridos, con edificios colapsados, el aeropuerto de Maiquetía afectado y poblaciones expuestas en municipios con alto riesgo estructural. Frente a una realidad de tal complejidad, el manejo cabal de la información, el desempeño escrupuloso del periodismo no figura como factor secundario, al contrario. Junto a los equipos de rescate y los sistemas de atención humanitaria, es parte medular de la infraestructura de la respuesta. Se reporta sobre lo que acontece, pero también se organiza el pánico o se contribuye a calmarlo; se dignifica a las víctimas o se las convierte en espectáculo; se ayuda a coordinar la ayuda o se la entorpece con rumores y falsificaciones. Por eso vale la pena detenerse a pensar no sólo en lo que el periodismo hace durante un desastre; también en lo que debe hacer, en las condiciones objetivas y subjetivas que se lo permiten o lo impiden.
Verificar, atestiguar, dignificar. Acá surgen algunas claves. Bill Kovach y Tom Rosenstiel sostenían que la esencia del oficio no es la velocidad ni la exclusiva, sino la disciplina de verificación, un método que separa al periodismo del rumor y de la propaganda. En un desastre, esa disciplina plantea paradojas, se pone a prueba de manera extrema. La demanda social de certezas se vuelve más urgente que nunca y, al mismo tiempo, la posibilidad real de verificar cada dato es más frágil que nunca.
Ryszard Kapuściński, por su parte, quien dedicó buena parte de su obra a pensar el oficio desde las zonas de guerra y catástrofe, insistía en que el periodismo verdadero exige “encontrarse con el otro”, no solo describirlo desde lejos. “Los cínicos no sirven para este oficio”: el corresponsal -afina el periodista polaco- tiene la obligación moral de acercarse al sufrimiento ajeno sin apropiárselo ni exhibirlo gratuitamente. Esa tensión,........
