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El dolor, la rabia y el modelo del pranato tocan las puertas de la Casa Blanca

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09.07.2026

El suelo de Venezuela todavía se mueve, pero no por el júbilo, sino por el peso de los escombros y el dolor de los rezos. Tras sufrir el impacto de dos terremotos simultáneos que han dejado ciudades fracturadas y a millones de paisanos bajo el silencio de la incertidumbre, el país se desangra en una carrera contrarreloj.

Madres, hermanos e hijos remueven aún sólos y sin apoyo toneladas de concreto con sus propias manos, con las uñas rotas y el alma en un hilo, ante la mirada indolente de un estado fallido que prefiere resguardar sus privilegios antes que desplegar la maquinaria pesada, los puentes militares o la ayuda humanitaria internacional.

En medio de este escenario de muerte, donde las estadísticas dictan que la esperanza de vida de los desaparecidos se reduce a cenizas minuto a minuto, desde Washington llega un eco ensordecedor que repite cada ciertos días lo mismo. El presidente Donald Trump ha osado decir nuevamente que después de tan desastrosos sismos: Venezuela “está bailando de alegría y felicidad” por la ayuda de sus administración.

Hoy asumiendo con toda responsabilidad quiero responder: Señor Presidente Trump, en Venezuela sí estamos bailando, pero no como usted cree: «Estamos bailando en un tusero, y para colmo, con alpargatas nuevas».

La metáfora de........

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