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En busca de la identidad (¿y la dignidad?) perdida

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29.09.2026

La situación por la que atraviesa Venezuela ha hecho añicos a los esquemas con que muchos veían discurrir los hechos, luego de la detención del dictador. Pero se desdibujaron las identidades de los  actores políticos centrales, trastocando referencias antes tomadas como ciertas. Una metamorfosis:

Delcy Rodríguez y el chavismo

Los movimientos fascistas necesitan identificar a un enemigo contra el cual galvanizar sus fuerzas. Central para eso es el ejercicio de la violencia (o la amenaza de ejercerla) para arrebatarles derechos y aplastar a quienes son asociados con aquél. No se lucha por vivir, se vive para la lucha, y esta se alimenta con un lenguaje de odios contra el otro, utilizando contraposiciones simbólicas que invocan mitos patrioteros y/o “verdades” inventadas. Este constructo ideológico concibe a la política como una guerra sin cuartel. Chávez fue un maestro en esta manipulación. Y, cuando su socialismo de reparto comenzó a mostrar sus costuras, estaba a mano el gran culpable, razón para extremar aún más sus medidas. Esta perspectiva maniquea encumbró a Maduro quien, a pesar de su descomunal torpeza e incompetencia, logró, bajo mandato cubano, hacer de la figura del enemigo imperial y de sus agentes locales, la excusa para montar un formidable aparato de represión. Con ello pudo mantenerse en el poder mientras acentuaba sus atropellos y abría las compuertas a toda suerte de corruptelas.

El problema de Delcy y del chavismo que la acompaña, es que ese enemigo desapareció. ¡Trump es, necesariamente, su protector y gran aliado! ¿Cómo mantener la lealtad de los suyos, beneficiarios de un poder basado en desconocer los derechos de los demás “porque responden al enemigo”? Ahora, conminada a cambiar, amagó con reformas básicas y de liberalización política –Ley de hidrocarburos, excarcelación parcial de presos políticos, Ley de Amnistía–, pero cuidando de no socavar las bases del Estado de terror chavista. Porque su carta inicial de negociación con los gringos era que solo ella podía controlar a los esbirros. Ergo, éstos todavía debían tener “razón” de existir. Ahí están Diosdado, González López, Granko Arteaga y otros. No sorprende, por ende, que no pudo generar confianza para atraer inversiones, controlar la inflación, recuperar la economía y legitimar su interinato ante sus compatriotas. Y en eso cayó el mazazo terrible del doble terremoto, que desnudó de forma cruel la destrucción de las capacidades de respuesta del Estado ante tragedias de esta naturaleza.

Desnuda y con tan precario sustento doméstico, Delcy se entregó abiertamente a los brazos de quien había sido denostado durante 27 años como EL enemigo. Sin recursos ni legitimidad y sin acceso a lo que le corresponde a Venezuela por exportación de su crudo, amén de la amenaza de terminar como Maduro si no colaboraba, se entregó. Pero contaba con una decisiva ventaja para asumir su nueva identidad. Durante........

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