Noelia y el dinero de Rhodes
Noelia y el dinero de Rhodes
A Noelia no la hemos sabido cuidar. Ni de salud, ni de amor y, a lo mejor, tampoco de dinero
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María José Fuenteálamo
La cuestión de la eutanasia, como el aborto, me ha parecido siempre un asunto de dinero. Quien lo tiene claro y puede pagarlo, no necesita leyes. En Suiza hay una red de clínicas que ofrecen servicios de 'suicido asistido'. Entre los requisitos para ayudar al ... final con todo lujo de comodidades en sus residencias, la mayoría de edad y un buen estado de salud mental. Siempre me he preguntado si quien puede pagar tales tratamientos de lujo, aunque sea para morir, no podía estar disfrutando de otra cosa. Ante la eutanasia, o el suicido asistido, cómo no nos vamos a hacer preguntas. Más cuando hablamos de una chica de 25 años. No sé qué le habrían dicho en las clínicas suizas de haber tenido la opción a Noelia. Pero no es esta una cuestión de dinero, queremos convencernos. Hasta que aparece James Rhodes. El pianista sabe de lo que habla porque ha pasado por ahí: abusos de niño, voluntad de acabar con su vida. Y habla de dinero. Se ofrece a pagar el tratamiento. Habla de paciencia y apunta que esto no es religión ni política, es salud mental. El ofrecimiento es estremecedor. Alguien que sabe gritándonos que algo más se puede hacer. Con dinero.
Dice el doctor Javier Urra que un altísimo porcentaje de los adolescentes que quieren suicidarse lo logran. Y no todo es predecible ni evitable. Aún con este dato y aunque Noelia ya no es adolescente, no se me va de la cabeza el dinero de Rhodes. El ofrecimiento. No va a ser sólo dinero. También es la salud. Noelia, parapléjica. Un intento de suicidio. Varios episodios de violación o intento de violación. Dolor crónico. Su objetivo en esta vida, estos últimos años ha sido morir. Todos nos vamos a morir. Me lo recordó Maury, una venezolana desahuciada de la vida por un cáncer terminal ya en sus últimos días en paliativos. Aún así, tenía objetivos: cuidar de su gente, estar con su gente. Noelia, no. Lo ha dicho a cámara a toda España. Quiere irse. No quiere estar ahí donde le ha tocado. La vida no le ha dado ningún objetivo más que morirse. Lo contrario de querer morirse no es querer vivir. Es querer hacer algo. Tener un reto. O de salud o de dinero o de amor. Vivir es necesario para el otro objetivo. Noelia no tiene ninguno. O sí: morirse. Y se centra en él, como el emprendedor se obsesiona con su negocio, los enamorados en su nuevo amor y el estudiante en sus exámenes. Creen que nada más existe.
Me explica un gerontólogo especialista en cuidados que, en la vida, lo que no existe es el yo. Que si somos alguien es porque nos han cuidado. Y no sólo de pequeños cuando somos absolutamente dependientes. También el resto de la vida. A Noelia no la hemos sabido cuidar. Ni de salud, ni de amor y, a lo mejor, tampoco de dinero. Por eso, cuando alguien ofrece pagarlo todo para que otro no quiera morir, la pregunta que nos hacemos deja de ser sobre la ley. Y pasa a ser, qué incómoda, sobre nosotros.
