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Dar un arma a un homicida

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27.03.2026

Dar un arma a un homicida

El suicidio de una enferma mental se protege y hasta se considera una victoria

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El próximo plan contra el suicidio debería llamarse Plan Nacional Noelia Castillo. No solo como homenaje y como acto de expiación colectiva sino también como faro, como línea de luces que marque el límite de la civilización, frontera ampliamente rebasada en estos días. Nos contaron ... en su momento que la eutanasia era un recurso para no alargar innecesariamente el sufrimiento de personas con enfermedades terminales y por motivos médicos, algo con lo que, con matices y controles, puedo estar de acuerdo. Pero nadie nos explicó que esa ley iba a habilitar al Estado para acabar con la vida de una persona sana y joven –con independencia de que su vida haya sido triste y terrible– y por motivos personales y no médicos. Se hace, además, aceptando que sufre un trastorno límite de la personalidad, uno de cuyos síntomas es, precisamente, la tendencia suicida. Facilitar el suicidio de una persona con una enfermedad cuyo síntoma es la tendencia suicida es como legalizar las armas en la casa de una persona con tendencia homicida. Pero es que, además, cooperar con el suicidio de una persona es un delito. Y si esa persona padece un trastorno mental, al delito se le suma un agravante, como dar ginebra a un alcohólico o al llevar al casino a un ludópata.

Volviendo al inicio, en España existe un Plan de Acción para la Prevención del Suicidio 2025-2027 y un teléfono de atención a la conducta suicida. Por existir, hasta tenemos una 'Guía de Práctica Clínica de Prevención y Tratamiento de la Conducta Suicida', lo que presupone necesariamente que la sociedad considera el suicidio algo objetivamente indeseable y a evitar por todos los medios. Sin embargo, todo eso parece hoy derogado, y vemos que el suicidio de una enferma mental se protege y hasta se considera una victoria. En nuestro país la vida es un bien jurídico superior y a proteger. Por eso no hay pena de muerte: la vida es un derecho fundamental y, por lo tanto, inalienable, innegociable e inviolable. No se puede renunciar a un derecho fundamental, por eso es fundamental. Y si no se puede renunciar a los derechos de autor, imagínense a la vida. Una cosa es desenchufar a alguien de la máquina que le mantiene artificialmente con vida y otra muy diferente facilitarle el veneno y la pajita. Pero, por encima de todo, resulta aberrante que el mismo Estado al que privamos de la capacidad de matar sea el habilitado para hacerlo.

Aunque los creyentes sintamos un dolor profundo, no hace falta ser católico para defender la vida. Este no es un asunto de fe sino de límites. Una vez rebasados, no podré evitar intuir un vasito de cianuro tras cada discurso de defensa de la salud mental. «Si os queréis suicidar, adelante», parecen querer decirles. Yo opto por otra fórmula: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen».


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