«En Ceuta está Don Julián…»
«En Ceuta está Don Julián…»
La literatura de Goytisolo no solo fue homoerótica. Fue también homeopática: con sus dosis de endofobia tóxica consiguió erradicar la memoria del mito de la pérdida de España
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El pasado 31 de julio, día de san Ignacio de Loyola (y sexagésimo séptimo aniversario de la fundación de ETA), cuando vi a Pedro Sánchez comparecer en Ceuta hablando de ataque y violación, me acordé –involuntariamente– del primer verso de aquel romance viejo sobre la pérdida de España que reza «en Ceuta está don Julián, en Ceuta la bien nombrada». Supongo que asocié «Ceuta» con «violación». Como es o era sabido, el conde don Julián, gobernador de la Ceuta visigótica, abrió la puerta del Estrecho a los invasores musulmanes de la Península, para vengar así la violación de su hija Florinda, alias 'la Cava', por don Rodrigo, último rey godo de Toledo. No deja de ser una leyenda, como la de la fundación de ETA el día de San Ignacio de 1959. Ni siquiera es seguro que don Julián existiera. La leyenda tomó cuerpo en la 'Primera Crónica General', de Alfonso X (segunda mitad del siglo XIII), pero los romances sobre la misma se inspiraron en la llamada 'Crónica Sarracina', de Pedro de Corral (primera mitad del XV). Aunque don Julián aparece en todas las versiones como traidor principal y máximo responsable del sometimiento de la España cristiana a los moros, la traición y la culpa están bastante repartidas –el obispo don Opas, los hijos de Witiza– e incluso el propio don Rodrigo resulta ser un tipejo que se la andaba buscando. Tampoco pretendo aquí identificar exclusivamente a Pedro Sánchez con el arquetipo de don Julián, porque lo cierto........
