Léon en París
El éxito popular del Papa es inversamente proporcional al creciente desprecio que los pueblos de Europa sienten hacia sus dirigentes políticos y hacia todos aquellos que aspiran al poder, tanto al económico como al estatal
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Mientras veía pasar al Papa León por los Campos Elíseos, en París, el sábado pasado, me preguntaba cuáles eran las razones que ese día reunieron en torno a su persona a cerca de un millón de espectadores y, posteriormente, a otros tantos durante los días ... siguientes, en Lourdes y en Metz. ¿Acaso la popularidad de los papas aumenta, paradójicamente, en proporción inversa a la disminución de la audiencia de la Iglesia? Sí, pero también porque todo papa se ha convertido en una 'figura mediática', un signo de los tiempos. Los papas se suceden, pero no se parecen. Su predecesor, Francisco, también atraía a los fieles, aunque por razones muy diferentes: llamaba a luchar contra las desigualdades sociales y contra los daños al medio ambiente. Esto, en su momento, me llevó a calificarlo de «Papa rosa y verde».
A modo de recordatorio, cabe señalar que Juan Pablo II fue el más político de todos los papas contemporáneos, desempeñando un papel decisivo al intervenir ante los polacos contra la colonización soviética. Benedicto, que le sucedió, no despertaba grandes pasiones, ya que su principal preocupación era restablecer el dogma en toda su autenticidad, tal y como lo había definido, en cualquier caso, el teólogo alemán. Volviendo a León, puedo dar fe, de primera mano –es........
