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Casa que iluminar, nevera compartida

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18.03.2026

Casa que iluminar, nevera compartida

Emergencia social es el precio de la luz, del carrito de la compra, pero peor es no tener dónde encenderla o compartir las baldas de la nevera para los yogures

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Berta González de Vega

Se vota escudo, normas, por la emergencia social sin entrar en la vivienda. Lo más urgente ha dejado de ser emergente por el tiempo que lleva 'preocupando'. En Málaga capital no hay ningún piso de dos habitaciones por menos de 600 euros al mes. Ni ... en barriadas con estigma de marginales. ¿Qué hace una profesora interina soltera con niño y destino Málaga? ¿Cuántos opositores hay pidiendo excedencias en determinados destinos? No salen los números, después de sacar los que dan el aprobado. Ante esta emergencia social caben dos opciones. Frentismo político, ideología, señalar falsos culpables y a otra cosa, mientras se cuece un descontento en habitaciones compartidas, en proyectos frustrados, en familias en las que conviven varias generaciones por pura necesidad y no por consejos de gurús de la felicidad de Harvard. La culpa es de los apartamentos turísticos, de los grandes tenedores, de los fondos buitre, de los 'boomers' avariciosos, de los caseros desalmados, de los inquiokupas, de los okupas, de las alarmas de seguridad alarmistas, de compradores extranjeros forrados, de inquilinos inmigrantes tiesos.

Luego está la opción incómoda, que afecta a PP y a PSOE por igual. La gestión, la burocracia, la regulación, los 'lobbies' que hacen dinero moviendo papeles. El PP gobierna casi todas las grandes ciudades. ¿Hay algún ayuntamiento que publicite activamente ante caseros miedosos la posibilidad de que sea la institución quien pague y alquile? ¿Puede sacar pecho el PP de que, en alguno de sus ayuntamientos, la tramitación urbanística vaya como la seda? En mi ciudad, hay foros de WhatsApp donde los arquitectos hacen terapia para no entrar en Urbanismo dando gritos. ¿Cómo han influido en la lentitud el proteccionismo, la regulación, los mil informes sectoriales? ¿Por qué dejan a los habitantes de La Palma, qué remedio, vivir en contenedores marítimos reacondicionados y en el resto del país es ilegal?

No falta suelo. El Pocero, tan criticado, fue un visionario en Seseña. Ahora, se venden a 200.000 euros aquellos pisos a precio de derribo en plena crisis. Entre aquella mole en Toledo provincia y Madrid, hay campo. Mucho.

Tampoco la izquierda puede presumir. Cero viviendas en Barcelona por debajo de 600 euros en alquiler en Idealista. Ni un estudio en entreplanta, ni un local comercial reconvertido.

La «clase social del portátil» llamaron algunos británicos a los burócratas que nos encerraron en pandemia, ajenos a los pisitos de mala muerte. Esa clase política y de alto funcionario urbanista desconoce cómo se vive recién separado en un bungalow de camping. Emergencia social es el precio de la luz, del carrito de la compra, pero peor es no tener dónde encenderla o compartir las baldas de la nevera para los yogures.

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