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Me voy a marcar un saludo nazi

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10.03.2026

Me voy a marcar un saludo nazi

Porque el único odio oficialmente permitido en la España del sanchismo es bastante concreto: el que se dirige contra los 'fachas'

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será el síndrome del mediano, o quizás una alergia personal a las simplificaciones, pero me enerva profundamente esta costumbre moderna de colectivizar los castigos. Leí el viernes que la UEFA sanciona al Real Madrid con multa y amenaza de cierre parcial del estadio por ... la imagen de un payaso haciendo el saludo nazi en la grada. Un justos por pecadores de manual, ¿o acaso tienen los estadios instalado en los tornos un detector de cafres?, ¿o hay un algoritmo que identifique al idiota antes de que saque la entrada del bolsillo? Entiendo perfectamente que se multe a un club cuando vuelan bengalas, hay lanzamiento de objetos o alguien se presenta en la grada con objetos que no deberían estar allí. Eso es controlable. Pero ¿cómo demonios se impide que un tipo levante el brazo y haga el memo ante una cámara? La sanción pretende dar una lección. Muy bien. Pero a mí me suena más a otra cosa: a lo que mi querido amigo Calero llama, para sulfurarme, una ventana de oportunidad.

Porque si la regla es esa –si basta con que un descerebrado haga el saludo nazi para castigar a todo un club– entonces el incentivo perverso está servido. Yo mismo, mamón como soy, lo tengo clarísimo. Con tiempo, dinero (y unos años menos), me cogía el autobús el próximo fin de semana que jugara el FC Barcelona en casa, me plantaba una camiseta blaugrana, me apostaba en la grada y me ponía a hacer el saludo romano hasta que me diera un tirón cervical. Todo con la malsana intención de ver si les cerraban el Camp Nou. ¿Les parece retorcido? No mucho más que responsabilizar al Real Madrid de las sandeces que perpetra un perturbado en una grada de ochenta mil personas. El problema de colectivizar la culpa es que empieza en un estadio y acaba en sitios menos lúdicos y sí más tenebrosos. Por poner un ejemplo, en La Moncloa. Allí andan ahora organizando, con nuestro dinero, una supuesta cumbre contra el odio que, vista de cerca, no pasa de ser una colinita retórica. Porque el único odio oficialmente permitido en la España del sanchismo es bastante concreto: el que se dirige contra los 'fachas'. Es decir, contra ustedes, contra mí y contra cualquiera que no comulgue con el catecismo de Sánchez.

El verdadero problema de decisiones como la de la UEFA es sedimentar una idea artera: que los aficionados –todos– son sospechosos, potencialmente racistas, una masa informe de energúmenos que necesitan tutela moral permanente. Así, el razonamiento futbolero se aplica del tirón en la 'rex publica': si usted no vota a Pedro, o si tiene la osadía de pensar que su mitad trilera y su mitad sectaria hacen a Sarah Santaolalla una absoluta caja registradora inmoral, entonces está claro que usted es un facha. Normal que luego ocurra que cuando aparecen los totalitarios de verdad no sepamos reconocerlos. Entre otras cosas porque, mientras mirábamos a la grada, llevaban tiempo desayunando tranquilamente en La Moncloa. De frente a la carretera de La Coruña y de espaldas al Congreso.


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