Andrés Iniesta, una anomalía mundial
Andrés Iniesta, una anomalía mundial
Nunca concedió al éxito la condición de profesión. Siempre se parecía al que fue siempre: un muchacho de pueblo que todavía miraba el césped con agradecimiento
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Ángel Antonio Herrera
Suele el héroe llegarnos con estruendos de caballo blanco. Pero algún descarriado inolvidable nos llega a pie, con la timidez doblada debajo del brazo, como quien asoma en una iglesia sin dar un ruido. Así, Andrés Iniesta, gloria nacional desde que fuimos campeones mundiales, ... por vez primera. Iniesta nunca tuvo aspecto de capitán o coronel de ninguna conquista. Más bien parecía un seminarista que hubiera perdido el breviario para encontrarse, por brusca casualidad, con un balón. Delgado, pálido, esquivo casi, casi transparente, cargaba esa cara de muchacho que todavía pide perdón si tropieza con una silla. Uno lo imaginaba cediendo el asiento en el metro, y no levantando la Copa del Mundo.
No nos deslumbra en España la delicadeza, la........
