Un duelo colectivo
En la noche el sueño fue tranquilo y el perro no ladró minutos antes. No hubo ningún indicio, ninguna señal, porque nadie puede predecir un terremoto. Nadie puede anticipar cuándo la vida va a quebrar esa suma de rutinas conocidas. Cuándo van a crujir las paredes y las cosas. Cuándo no quedará más que sentarse en el andén a mirar, desde el frente, la casa derruida.
Una mujer y un perro, una correa desgastada y la única certeza de saberse juntos. Las escaleras como huesos descubiertos, los muros fracturados, las ventanas inclinadas y en la calle las astillas de las paredes que se vinieron al suelo. Del nombre del edificio —Colosal— solo quedan cuatro letras, una de ellas a punto de caer.
Algo me hizo detener en esta imagen del fotógrafo Juan Esteban Basto. Tal vez su aparente quietud. El........
