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Ir adentro para acallar el desasosiego

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18.03.2026

He ido sintiendo, mientras pasan los días y las semanas, un llamado a desacelerar los tiempos y sus momentos. Volver a la pausa interna, dejar los afanes. Hablo de llamado porque pasa por la pulsión física del cuerpo, no en agotamiento extremo, pero sí una necesidad de caminar más lento, las bocanadas de aire se me han hecho necesarias, dejar el computador de lado y la urgencia de una lista de pendientes interminable, poco realista para cumplir durante la semana, apartar las notificaciones de whastapp y la ansiedad de estar revisando instagram para encontrarme por un lado con las atrocidades de este mundo y por otro con la ternura y compasión que despierta Punch, el pequeño primate, que sufre el desarraigo, la indolencia, el ultrajo y la falta de empatía de sus compañeros de cautiverio, que finalmente es una historia que refleja lo que muchos humanos también viven día a día.

Uno de esos videos virales que me apareció en el teléfono hace un par de días, es el de una niña palestina diciéndole a un periodista, que su mayor sueño es morirse para que se acabe TODO.

¿Qué queda después de una respuesta como esa?, ¿qué hacer después de ver y volver a ver la expresión serena, convencida, sin emoción en el rostro de un niña de 8 o 10 años, como un golpe contundente al sentido de la existencia misma?.

¿Cómo aferrarse a la esperanza, ese resto sagrado de la vasija de Pandora, cuando es casi ensordecedora la incertidumbre de un mundo en sufrimiento, anestesiado y embrutecido por algoritmos que consumen los minutos y las horas?

¿Cómo aferrarse a la esperanza, ese resto sagrado de la vasija de Pandora, cuando es casi ensordecedora la incertidumbre de un mundo en sufrimiento, anestesiado y embrutecido por algoritmos que consumen los minutos y las horas?

En mi mundo de sensibilidades la vida se va tejiendo entre preguntas, posibilidades, dudas, en instantes, pequeñas certezas, la convicción de intentarlo una y otra vez, y especialmente aferrarme a ese resto sagrado de la caja de Pandora; así el panorama sea desalentador, opto por creer, aunque suene romántico, en el amor, en la ternura y la compasión. También creo que hay que empezar por casa, y ese hogar es la existencia personal.

Estos últimos días he optado por buscar el amor, la ternura y la compasión en el yoga mi práctica personal, en la lectura, en la contemplación de la vida y la belleza de los seres que amo, en la gratitud cotidiana, en los límites a las distracciones que están a un click, en el alimento, el descanso y el silencio. Afuera siguen sucediendo cosas atroces, y el alma a veces no logra soportar la sobreexposición al lado más oscuro de la condición humana, por eso creo en el amor, y también en la sensatez de cultivar el universo interior para no ser ajenos ante el dolor del otro.


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