¿Y el techo?
Llevo dos meses buscando un hogar. Y no sabía que esta búsqueda me iba a desnudar tanto por dentro.
No lo digo como quien busca ‘un apartamento bonito’. Lo digo como quien busca un lugar donde, apenas llega, el cuerpo suelta el estrés sin pedir permiso, el corazón baja el ritmo y la mente apaga el modo alerta.
El lugar donde estoy hoy, me ha enseñado mucho. Le tengo cariño. Pero también me ha hecho entender algo incómodo: te puedes acostumbrar a aguantar situaciones en tu vida… y aún así, no ser feliz.
Hay humedades que aparecen como si también pagarán arriendo. Ruidos que ya son parte del ambiente. Y vecinos que a veces parecen vivir en modo club de la pelea. A veces intento meditar, respirar, hacerme el fuerte… pero hay días en que llegar a casa no se siente tranquilo.
En esta búsqueda me ilusioné dos veces. De esas ilusiones adultas que al final del día terminan con un ‘por fin’.
En esta búsqueda me ilusioné dos veces. De esas ilusiones adultas que al final del día terminan con un ‘por fin’.
La primera, fue un apartamento que me tocó por algo que iba mucho más allá de la ubicación o la distribución. Estaba en la unidad donde vivió mi mejor amigo toda su infancia y juventud. Allí vivimos nuestra adolescencia entera (ya se podrán imaginar las........
