¿El coloquio de los pájaros?
Colombia suele aparecer con frecuencia liderando los rankings globales de biodiversidad. Es uno de los territorios más diversos del planeta y, en lo que respecta a las aves, ocupa el primer lugar mundial, con más especies registradas que cualquier otro país.
Desde los páramos andinos hasta la Amazonía y las costas tropicales, el país concentra una riqueza ornitológica extraordinaria, casi desproporcionada frente a su tamaño: alberga entre 1.900 y 1.966 especies, lo que representa cerca del 20% del total global.
Esta extraordinaria diversidad se explica fácilmente, lo cual no la hace menos, sino más maravillosa. Su ubicación en la zona ecuatorial, con luz y temperaturas relativamente estables todo el año; la presencia de tres ramales de la cordillera de los Andes, que crean múltiples pisos térmicos en distancias cortas; dos océanos, llanos, páramos y la Amazonía… Una mezcla que produce la enorme variedad de hábitats y microclimas que le permiten a especies muy diferentes encontrar nichos específicos donde vivir.
Ahora bien, ¿y si esa abundancia y variedad, ese fondo constante de cantos, colores y movimiento, fuera algo más que paisaje y riqueza natural? ¿Y si, silenciosamente, tal variedad pudiera influir en la calidad de vida y en la salud de sus habitantes? Colombia, sin que muchos lo sepan, ha estado rodeada durante siglos de una de las formas más simples y subestimadas de bienestar y armonía.
En un estudio reciente del Rotman Research Institute, publicado en la revista Journal of Neuroscience y recogido por la National Geographic........
