¡Un llamado urgente!
Colombia no está frente a una elección cualquiera. Está frente a una encrucijada histórica donde lo que se define no es solo quién gobierna, sino si el país seguirá siendo un territorio donde la empresa pueda existir, crecer y generar empleo… o si comenzará su asfixia final.
Este es un llamado directo a tres fuerzas que sostienen la nación: empresarios, emprendedores y trabajadores.
A los empresarios: ustedes saben lo que cuesta levantar una empresa en Colombia. Saben lo que significa pagar nómina en medio de la incertidumbre, sostener operaciones con reglas que cambian, resistir cuando el entorno no ayuda. Hoy no basta con resistir. Hoy se necesita actuar.
A los emprendedores: ustedes representan la esperanza del país. Son quienes, con ideas y riesgo, crean nuevas oportunidades. Pero también son los más vulnerables cuando el sistema se vuelve hostil, cuando el crédito se cierra, cuando la regulación ahoga y cuando el discurso castiga al que produce.
Y a los trabajadores: ustedes son el corazón de todo. Sin su esfuerzo, ninguna empresa existe. Pero también deben entender algo fundamental: cuando una empresa cae, no cae un “rico”; caen empleos, familias, sueños y estabilidad. Lo que está en juego es claro: la supervivencia misma del aparato productivo.
No se trata de exagerar. Se trata de entender la magnitud del momento. Cuando desde el poder se envían señales equivocadas contra la empresa, cuando se debilita la confianza inversionista, cuando se normaliza la confrontación con quien genera empleo; el resultado es uno solo: menos empresas, menos empleo y más pobreza.
La historia de América Latina ya ha mostrado ese camino y no termina bien. Por eso, el próximo 31 de mayo no es una fecha cualquiera. Es el momento en que Colombia puede definir si permite que el poder del Estado (con toda su estructura y burocracia) se imponga en medio de la pasividad, o si la ciudadanía productiva decide hacerse sentir.
La empresa no es un privilegio, es el motor que sostiene la economía, que financia el Estado y que permite que millones de familias vivan con dignidad.
Ser indiferente hoy es una decisión, y es, quizás, la más peligrosa de todas; porque la indiferencia le abre la puerta a un punto de no retorno: la quiebra de las empresas en Colombia.
Empresarios: activen sus equipos, promuevan la información, generen espacios de conversación. No impongan, pero tampoco se silencien.
Emprendedores: participen, opinen, defiendan el derecho a crear, a crecer, a construir futuro.
Trabajadores: informarse es proteger su propio empleo. Decidir con criterio es cuidar el sustento de sus familias.
Este no es un momento para la comodidad. Es un momento para la responsabilidad.
Colombia no necesita espectadores, necesita ciudadanos conscientes que se pongan la camiseta y que entre todos sumemos por una Colombia más grande en empleo, emprendimiento y empresas.
