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La paradoja de leer

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20.02.2026

Por décadas creímos que solo se leían libros y resulta que la lectura es anterior. Miles no saben aún que son lectores. Miles creen que el único sitio donde se lee es en la escuela y que además es la única responsable de que se haga y se haga bien; como paradoja, muchos de esos estudiantes los únicos libros que leerán en sus vidas son, justamente los que lean allí. Esta es quizás la generación que más lee y más escribe en toda la historia de la humanidad, se pueden contar por trillones las palabras que a diario cruzan el ciberespacio, la paradoja es que mucho de eso que se escribe es vacío, no tiene sazón, ni poesía.

Como nunca antes el conocimiento había estado tan cercano a los seres humanos, desde la palma de la mano se puede acceder al universo del conocimiento, paradójico es que hay un desperdicio enorme de tiempo accediendo a todo menos a aprovechar esto. Hay gente que aun cree que los libros son enemigos, lo paradójico es que justamente lo que combate la ignorancia o que fortalece el criterio, es precisamente la lectura; un libro puede decir lo que quiera, pero no es el responsable de las decisiones de la gente.

Paradójico es que a pesar de que aun hay grandes brechas en acceso a la conectividad, cuando se sale de las manos lo que pasa en ella, insistimos en prohibir y no en trabajar por formar lectores críticos. Le tenemos miedo a los alcances del ser humano, a su crueldad, pero hemos facilitado un celular a un niño sin preparación ni filtro. Nos parecen caros los libros en los planes de lectura de los colegios, pero pagamos planes de datos para nuestros hijos más costosos que los mismos libros.

A pesar de que todo nos indica que la forma de aprender ha cambiado para siempre en el mundo, aún no hemos decidido qué tipo de lectores queremos formar. Señalamos la pantalla, pero descuidamos la formación; culpamos a la escuela y olvidamos nuestra responsabilidad.

Leer en cualquier formato es una tarea cultural y ética. Un lector crítico se forma, de lo contrario, lo formará el algoritmo. Al final, no importa cuánto lean, sino quién moldea lo que leen y cómo lo entienden, cómo lo procesan y lo asimilan, porque cuando no hay lectura consciente, alguien más piensa por nosotros.


© Vanguardia