¿Quién paga la cuenta?
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Decía con sabiduría popular el gran Kid Pambelé que “es mejor ser rico que pobre”. Y tenía razón. Siempre será deseable tener mayores ingresos, ganar mejor y vivir con mayor tranquilidad. Nadie en su sano juicio podría oponerse a que los trabajadores mejoren su salario. El problema no está en el deseo. El problema aparece cuando ese mayor ingreso no está respaldado por una mayor generación de valor y termina convirtiéndose en un mayor costo que alguien, inevitablemente, debe pagar.
Cuando el salario mínimo aumenta muy por encima de la productividad, ese mayor costo no desaparece por arte de magia. Una parte pueden asumirla las empresas, hasta donde su eficiencia y su margen lo permiten. Esa es la parte sana del ajuste, la que corresponde a mejoras reales en productividad.........





















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