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Los hijos de Manuel Sánchez

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01.03.2026

Gracias a la hermosa amistad de mis padres con la familia Sánchez Aguirre, encabezada por el notable Héctor Sánchez Camacho y la incansable Ligia Aguirre -a la que le debemos tantas cosas- conocí a su hijo Manuel, quien desde muy joven se dedicó a practicar varios deportes y como si fuera poco se fue a caminar por los senderos de un deporte tan popular como es el microfútbol. ‘Cuco’, al igual que su señora madre, visitaba los barrios del área metropolitana de Bucaramanga y empezó a observar jugadores en las canchas de cemento construidas para la práctica de varios deportes, que se convirtieron en el escenario perfecto para que los malabaristas de la barriada dominaran un balón pequeño cuyo peso oscilaba entre los 430 y los 450 gramos.

Un día cualquiera de 1989, vio jugar a un muchacho en la cancha del barrio San Cristóbal, al norte de la ciudad; era delgado, zurdo, con una facilidad para maniobrar con el balón y le preguntó cómo se llamaba. “Soy Giovanni Hernández señor, ¿para qué me necesita?” Manuel sabía perfectamente para qué lo necesitaba, pues estaba buscando talentos para conformar una selección que nos representó en los diferentes torneos departamentales y nacionales; Bucaramanga era un terreno fértil en el que brotaban silvestres los jugadores de microfútbol porque desde la década del 70 nuestro diario Vanguardia Liberal organizó el Torneo Interbarrios y luego el Mil Ciudades, que llegaron a convertirse en un atractivo para los habitantes de una urbe en desarrollo.

Manuel Sánchez estaba metido de lleno en el aprendizaje de las tácticas de un deporte que empezaba a escribir su reglamento y jurídicamente conformaban ligas por todo el país para que años después naciera la federación de este deporte. Su amistad con la dirigencia deportiva nacional, encabezada por el ‘pantalonudo’ Jaime Arroyave, terminaron por absorber al inquieto estratega, quien caminando por aquí, por allá y por el barrio Zapamanga, vio a otro talentoso alero cuyo nombre es Víctor Santos. Giovanni y Víctor se conocen en 1989 gracias al balón de micro, gracias a las convocatorias a la selección Santander y desde ese momento se volvieron inseparables; los unía la mirada en la cancha, un silbido para saber en qué lugar estaba su compañero. Tiempo después, ‘Pepitoria’ Santos y ‘el Mago’ Hernández se convirtieron en los aleros de nuestro equipo regional que ganó títulos nacionales; también fueron campeones panamericanos y mundiales de la especialidad.

Víctor, quien llegó a ese equipo con su gastronómico apodo, recordó en una entrevista la formación del quinteto santandereano que nos representó en los nacionales juveniles de Buga en 1989: “Edgar N’kono Gualdrón, Engelbert Vergel, José Nova, Giovanni Hernández y Melvin Flórez. Yo era suplente porque tenía 15 años y era más joven que ellos, pero con ese equipo quedamos terceros en Buga y ahí arrancó todo con el maestro Manuel Sánchez, el Pacho Maturana del microfútbol. A ese señor le debemos todo lo que somos”. Un día llegó a la cabina de Radio Deportes de Caracol, mi compañero, amigo y colega Martín Alonso Henao y me dijo: “Felipeláez, tiene que ir al Edmundo Luna a ver a esos pelaos de Manuel Sánchez, juegan muy bien, allá lo espero para transmitir esos partidos”. Todavía recuerdo los túneles, las fintas, los enganches y los goles de un equipo que sometía a los rivales. Jugaban de memoria, se movían al ritmo de la batuta que les marcaba Sir Manuel, el director de la Filarmónica. Les daban cabro, pepitoria y ensalada a los comensales que se apostaban en las graderías del viejo hangar del Aeropuerto Gómez Niño. ¡Eran fantásticos! Tenían tenis rotos, pegados con esparadrapo; su corazón estaba cosido en la camiseta de su departamento, de su país. Me rompió el alma verlos llorar el pasado martes 17 de febrero durante las honras fúnebres de Giovanni, del mago de San Cristóbal. Su nombre debería quedar perpetuado en un coliseo como el Edmundo Luna, que fue su escenario para sacar conejos del sombrero del microfútbol. Manuel: sus hijos nos hicieron sentir orgullosos de nuestra tierra, gracias eternas a usted y a sus dirigidos.


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