El poder como fin, no como medio
La democracia moderna arrastra un dilema que pocas veces se discute con honestidad: el poder dejó de ser un medio para gobernar y se convirtió en un fin en sí mismo. No por maldad individual, sino por un sistema de incentivos que premia la acumulación de votos sobre la solución real de los problemas. Las últimas encuestas muestran niveles de favorabilidad que no guardan relación con indicadores objetivos de gestión.
Para llegar al poder hay que prometer. Para mantenerse, hay que agradar. Y para agradar, hay que simplificar. En ese tránsito, la política se va alejando de lo que le conviene al país y acercando a lo que maximiza capital político. El resultado no es necesariamente un buen gobierno, es un........
