Elecciones presidenciales: no nos “despeluquemos”
Interesantes resultados los de la jornada electoral del pasado 8 de marzo. Por un lado, después del estrepitoso fracaso de Roy Barreras y su Consulta, se consolida la candidatura de Iván Cepeda como el indiscutible representante del Establecimiento y de la izquierda.
Además, de acuerdo a las encuestas, tendría Cepeda una importante intención de voto de aproximadamente 35% (y eso sin contar aún con la “maquinaria aceitada” por los recursos públicos ni la presión de los grupos terroristas para votar por él), lo cual sugiere que ese discurso lleno de odio, que divide y que culpa a unos (a los que amenaza con despojarlos de su patrimonio ganado con esfuerzo) de la desgracia de otros (a los que promete entregar la “riqueza” que le quitaría a los primeros), ha tenido eco en amplios sectores. También que ha calado la excusa falaz de que “no los han dejado gobernar”, proponiendo entonces reformar la Constitución para darle poderes omnipotentes al Ejecutivo, que le permitan implementar su modelo comunista sin que las ramas legislativa y judicial lo estorben.
Por otro lado, los comicios también introdujeron un nuevo aire a la contienda por la Presidencia al catapultar la candidatura de Paloma Valencia. La altísima votación de La Gran Consulta -y particularmente de Paloma y Oviedo dentro de ella- seguida del anuncio de la fórmula Paloma-Oviedo, han viabilizado una opción que tiene muchas más posibilidades de recoger los votantes de centro que la alternativa al continuismo que había venido representando Abelardo.
Los resultados de la encuesta de GAD3 del pasado jueves muestran a un Cepeda virtualmente en segunda vuelta pero estancado; a un ‘Tigre’ perdiendo terreno y a una Paloma disparada y que, aunque de tercera en intención de voto para la primera vuelta, cuadruplicó dicha intención en el último mes, sigue in crescendo y hoy muestra más posibilidades de ganarle a Cepeda en segunda vuelta que todos los demás contrincantes.
Creo que la mayoría de los colombianos tienen claro que el objetivo primordial es derrotar la continuidad del proyecto comunista. Sin embargo, no podemos caer en el error de que la angustia que esa amenaza representa nos lleve a dividirnos y a distraernos de lo que realmente necesita el país: un liderazgo incluyente, que gobierne para todos y defienda la vida, la familia y la libertad.
La estrategia para adelante debe concentrarse en conquistar a los votantes de centro y a los indecisos. Y, de cara a la segunda vuelta, recoger los votos de Fajardo, Claudia López y “compañía”, que ya no tienen chance.
No nos “despeluquemos” y evitemos ataques entre las campañas de Abelardo y Paloma, ya que irremediablemente unos tendrán que “comerse el sapo” de apoyar a los otros en segunda vuelta, si queremos salvar a Colombia.
