El recusadero
El Concejo de Bucaramanga se volvió el recusadero por excelencia. Hay una estrategia que se ha vuelto rutina y que merece ser llamada por su nombre, en el entendido de que el uso de la recusación dejó de ser una herramienta jurídica de garantía para convertirse en un arma política y así paralizar el debate democrático.
El patrón es ya demasiado evidente para ignorarlo. Cuando el empréstito llegó al Concejo, aparecieron las recusaciones. Cuando se tramitó la elección del contralor, lo mismo. Cuando se discutió la modificación del estatuto tributario, otra vez. Y ahora, en el momento más crítico del cuatrienio, un ciudadano recusó a los concejales en pleno........
