El extraño caso colombiano
A comienzos de este siglo, mientras los gobiernos progresistas en América del Sur impulsaban políticas sociales, integración regional y soberanía, en Colombia un gobierno alineado con Washington anunciaba la instalación de siete bases militares estadounidenses. Por entonces, era impensable que una opción de izquierda tuviera posibilidades reales de llegar a la Presidencia.
Hoy los tiempos han cambiado. Mientras en nuestro vecindario gobiernan líderes de derecha radical como Noboa, Bukele, Milei o Asfura. En Estados Unidos avanza un experimento autoritario y negacionista del cambio climático liderado por Trump; y Europa parece decidida a desmontar lo que resta de sus Estados de bienestar para financiar un reforzamiento militar que le permita mayor autonomía estratégica frente a Washington y capacidad de disuasión ante Rusia.
En Colombia, en contraste, las políticas públicas nacionales giran en torno a la equidad social, la inclusión, la diversidad, la reforma agraria y la transición energética para mitigar los efectos del cambio climático. Se reivindica el trabajo como creador de riqueza y se impulsa una economía más diversificada, menos dependiente del extractivismo. Las ciudadanías, además, se movilizan para defender avances como la reforma pensional o el salario familiar.
Todo esto ocurre en un contexto internacional en el que, como sucede actualmente en Argentina, se aprueban reformas laborales que recortan derechos históricos: ampliación de la jornada, flexibilización de despidos y debilitamiento de garantías salariales. En este paréntesis singular de su historia, Colombia aparece como una excepción.
El mundo atraviesa, quizá, la mayor concentración de riqueza y el proceso más profundo de desposesión de clases medias y trabajadores desde finales del siglo XX. Una dinámica que comenzó con el draconiano Consenso de Washington y que ha llevado la desigualdad a niveles tales que tecnoligarcas como Elon Musk acumulan un poder que envidiaría Luis XIV.
De lo que ocurra en la actual elección presidencial dependerá si el país continúa del lado correcto de la historia, en medio de múltiples crisis globales que amenazan la propia viabilidad humana, o si repetimos la página de la primera mitad del siglo XX, cuando el impulso reformista de Alfonso López Pumarejo —en tiempos marcados por el ascenso del nazismo— fue abruptamente interrumpido.
Veremos si el extraño caso colombiano continúa nadando a contracorriente de las tendencias regresivas del mundo, consolidando un Estado garante de derechos y promotor de bienestar, o si termina alineándose con la ola que, en nombre del mercado, reduce lo público y recorta derechos.
