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Más allá del miedo: lo que revelan los estudios sobre las emociones que alimentan la islamofobia

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29.06.2026

Cuando se habla de islamofobia, casi siempre se invoca el miedo. Miedo a los musulmanes, a sus costumbres o a una supuesta amenaza asociada a su religión. Pero esa explicación se queda corta. Cada vez hay más evidencia de que el rechazo hacia las comunidades musulmanas no se alimenta solo del temor, sino también de emociones más intensas y persistentes, como la ira, el desprecio y el odio.

La diferencia no es menor. El miedo aparta; el odio expulsa y levanta una frontera moral. Ya no dice solamente “no te conozco”, sino algo más grave: “sé lo que eres y no deberías estar aquí”. Ahí empieza la deshumanización: en el momento en que una persona deja de ser persona y pasa a ser vista como amenaza, mancha o estorbo. Y cuando eso ocurre, la exclusión empieza a parecer razonable y la dureza empieza a vestirse de sentido común.

Además, ese odio no nace de la nada, tiene memoria y siglos detrás. El intelectual y activista palestino-estadounidense Edward Said explicó en su libro Orientalismo cómo Occidente fabricó una imagen de “Oriente” como su contrario: irracional, atrasado, fanático o violento, según hiciera falta. No era una descripción inocente, sino una forma de inventar un otro inferior para confirmar la propia superioridad.

Esa maquinaria no ha desaparecido, solo ha cambiado de ropa. Muchas veces, la islamofobia no se dirige únicamente contra el islam como religión, sino contra todo lo que suene a “árabe”, “musulmán”, “oriental” o ajeno, como si pueblos, lenguas, historias y países distintos pudieran fundirse en una sola caricatura.

El miedo puede hacer que alguien retroceda, mientras que el odio necesita señalar, rebajar, castigar. Por eso resulta tan peligroso: porque no se queda en una emoción pasajera, sino que organiza una forma de mirar.

Como hemos comprobado en investigaciones recientes sobre jóvenes en España, estos dos procesos no solo coexisten, sino que actúan de forma simultánea en la difusión de mensajes de odio en redes sociales.

Por un lado, está el proceso “cognitivo”: creencias........

© The Conversation