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¿Existe la justicia urbana? Barrios creativos como antídoto contra la desigualdad meritocrática

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10.06.2026

En esta época donde la meritocracia es considerada el estándar para el progreso individual y social, surge una pregunta incómoda: ¿realmente estamos premiando el mérito o perpetuando la desigualdad? En el caso concreto de los entornos urbanos, destaca una solución. Los barrios creativos pueden ser una alternativa que desafíe este paradigma, estableciendo focos de cooperación y creatividad comunitaria que funcionen como motor del desarrollo de la ciudad.

La dicotomía entre barrios creativos y la supuesta igualdad meritocrática abre un debate decisivo sobre el futuro de nuestras ciudades y de las democracias contemporáneas.

Mientras la meritocracia tiende a legitimar desigualdades de origen, presentándolas como resultados “justos” del esfuerzo individual, los barrios creativos apuntan a otra lógica. La cooperación, el reconocimiento mutuo y la construcción de capacidades colectivas como motor del desarrollo urbano. En este sentido, la revolución creativa no es solo una alternativa cultural o estética: es una estrategia de justicia urbana.

La falsa promesa de la meritocracia

La meritocracia, definida como un sistema en el que los puestos de responsabilidad se adjudican en función de los méritos personales, parece a simple vista una forma justa de gobernanza. Sin embargo, numerosos estudios sugieren lo contrario.

Michael Young, en su obra seminal The Rise of the Meritocracy, criticó la meritocracia como un sistema que inevitablemente conduce a una sociedad estratificada y desigual. Más de 60 años después, la vigencia de sus críticas sigue intacta.

La educación y el empleo son los dos ámbitos más afectados por el mito meritocrático. Según Spiros Themelis, la movilidad social en el Reino Unido ha retrocedido desde las políticas económicas de los años 80. Este autor sugiere que el mérito tiene un impacto muy limitado como ascensor social. Las clases altas disponen de mejores medios para superar las pruebas que acreditan ese mérito, perpetuando así la desigualdad inicial. Así pues, la meritocracia no solo es una promesa incumplida, sino una promesa........

© The Conversation