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¿Por qué saber nadar no basta para evitar los ahogamientos?

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Mientras usted lee este artículo, miles de personas estarán en el agua (mar, piscina, río o embalse) bañándose, practicando deporte, mejorando su salud o trabajando. La inmensa mayoría volverá a casa sin incidentes. Lamentablemente, algunas personas no lo harán o volverán con secuelas serias y permanentes.

Cada año se repiten las mismas secuencias: bañistas que sabían nadar desaparecen en el mar, menores que pierden la vida por bañarse sin la adecuada supervisión, personas que entran en aguas aparentemente tranquilas de las que no pueden salir, o familiares que intentan rescatar a sus seres queridos (incluso mascotas) y acaban convirtiéndose también en víctimas por no estar preparadas para ello. El ahogamiento es una de las principales causas de muerte y de morbilidad severa y permanente por lesiones no intencionales en el mundo.

¿Por qué se ahogan personas que saben nadar? Seguimos asociando la seguridad acuática casi exclusivamente con la capacidad de mantenerse a flote, pero no son conceptos equivalentes.

Evolución en el aprendizaje de la natación

Durante buena parte del siglo XX, el objetivo de aprender a nadar como mera capacidad de no hundirse tenía todo el sentido. Aprender a flotar, respirar y desplazarse en el agua supuso un enorme avance para millones de personas, pues estas competencias proporcionan una primera capa de protección frente al ahogamiento.

Sin embargo, muchos ahogamientos (mortales y no mortales) afectan a personas que saben nadar, incluso a aquellas que nadan muy bien. En muchos casos, lo que falla no es la falta de competencia natatoria, sino la capacidad para identificar y comprender el riesgo real, así como las decisiones que se toman.

Saber nadar ya no es suficiente

Existe una diferencia sustancial entre saber nadar (desplazarse en el agua sin apoyarse en el suelo y sin material de flotación) y estar preparado para desenvolverse con seguridad en cualquier entorno acuático. El común denominador de las piscinas familiares, las playas con oleaje, los ríos con corriente o los embalses con fondos impredecibles es que todos estos espacios tienen agua, pero presentan riesgos completamente distintos. La técnica de nado puede ser similar, pero las decisiones y las capacidades requeridas para bañarse con seguridad en cada escenario no son las mismas.

Diversas investigaciones muestran que muchas personas que saben nadar sobreestiman sus capacidades o subestiman los riesgos reales del agua. La confianza excesiva, la presión social del grupo o la respuesta emocional ante una emergencia pueden alterar la percepción del riesgo y favorecer la toma de decisiones........

© The Conversation