‘Me equivoqué’: una manera de mejorar la participación y la confianza en el aula
¿Por qué, para muchos estudiantes, el objetivo es aprobar, o sacar una nota determinada, pero no se implican en el aula ni participan? Muchos alumnos escuchan, cumplen y responden cuando se les pide, incluso tienen buenos resultados, pero participan poco y evitan exponerse. Más allá de lo interesantes o relevantes que encuentre los contenidos, o del tipo de tarea que se proponga, uno de los factores clave está en cómo se presenta el profesor ante el alumnado y qué relación establece con ellos y con la disciplina.
Cada vez hay más evidencias de que mostrarse humano, reconocer dudas y no tener siempre la última palabra son cualidades que favorecen esa relación. La humildad intelectual, entendida como la capacidad de reconocer los propios límites y mostrarse abierto al aprendizaje, desplaza el protagonismo del ego hacia el proceso de enseñar y aprender.
Dicho de otro modo: esta modestia o humanidad no es una cualidad secundaria, sino una de las herramientas más eficaces para mejorar el aprendizaje.
Hallazgos recientes demuestran, como veremos a continuación, que cuando el profesorado no necesita parecer infalible, el alumnado se siente más seguro para participar, preguntar y equivocarse. La autoridad no desaparece, pero deja de apoyarse en la imposición y empieza a construirse sobre la confianza.
El profesor no tiene todas las respuestas
La evidencia confirma algo que muchos docentes han intuido: los estudiantes se implican más cuando sus docentes admiten dudas o errores. En estos contextos aumenta la sensación de aceptación, el sentido de pertenencia y disminuye el miedo a equivocarse.
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