¿Vivimos en una sociedad más insegura o solo lo parece? Las estadísticas se alejan de lo que percibimos
En los últimos años, la criminalidad ha mostrado una evolución desigual en España. Según el último balance del Ministerio del Interior, en 2025 se registraron más de 2,47 millones de infracciones penales con variaciones importantes según el territorio. Mientras algunas comunidades experimentaron aumentos –por ejemplo, Castilla y León, donde la criminalidad creció cerca de un 5,8 %– otras como Cataluña o Madrid mostraron descensos en torno al 2,9 % y al 1,7 %, respectivamente.
La evolución tampoco es homogénea entre tipos de delitos. Algunos, como los patrimoniales, se han estabilizado e incluso descendido en algunas zonas. Otros, como las agresiones sexuales o los intentos de homicidio, han aumentado. En otras palabras, la evolución de la delincuencia es compleja y difícil de resumir en una única tendencia.
Sin embargo, más allá de estas cifras hay un fenómeno que cada vez ocupa más espacio en el debate público: la preocupación por la inseguridad percibida por la ciudadanía. Y esta sensación no siempre evoluciona al mismo ritmo que la criminalidad registrada.
En la literatura científica especializada, esta percepción de inseguridad se conoce como “miedo al delito”. No se refiere únicamente a la reacción emocional ante un peligro inmediato (como un intento de robo), sino también a la percepción de riesgo que las personas construyen sobre la posibilidad de ser víctimas de un crimen.
¿Qué es el miedo anticipado?
En este sentido, hablamos de un miedo anticipado. Ese temor puede surgir ante señales cotidianas del entorno: caminar por una calle mal iluminada, atravesar un parque vacío por la noche o percibir signos de deterioro urbano en un barrio.
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