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Qué nos dicen las necrópolis medievales sobre la convivencia entre musulmanes y cristianos

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30.06.2026

En 2016, unas obras de rehabilitación en la calle del Riu Galligants de Girona, en España, dejaron al descubierto trece tumbas medievales. Ocho de ellas no respondían al ritual cristiano: las fosas eran más estrechas y profundas, cubiertas con alineaciones de piedras y baldosas, y los cuerpos yacían sobre el lado derecho, con los miembros semiflexionados y el rostro orientado al suroeste, hacia La Meca. Se trataba de enterramientos islámicos situados cronológicamente entre los siglos VIII y X, los primeros identificados biológicamente en Cataluña.

Casi una década después, un equipo multidisciplinar de arqueólogos, antropólogos y genetistas de la Universidad Complutense de Madrid y la Universidad Autónoma de Barcelona hemos publicado el primer estudio genético de esta comunidad.

Los resultados no solo confirman la presencia musulmana en la antigua Djarunda –actual Girona–, sino que permiten caracterizar, por primera vez, quiénes eran y de dónde procedían algunos de los individuos allí enterrados.

Cuando Girona era Djarunda

Djarunda estuvo bajo administración islámica desde su capitulación pactada alrededor del 717-719 hasta su incorporación al Imperio carolingio en el año 785. Fue una ocupación breve, de la que apenas existían evidencias materiales en la ciudad.

El descubrimiento de esta pequeña necrópolis, utilizada durante varios siglos, tiene por ello un valor excepcional: es la primera evidencia bioarqueológica de una comunidad musulmana asentada en el noreste peninsular.

Cabe señalar que en el registro arqueológico de Djarunda no existe evidencia de actividad militar, por lo que parece que fue un asentamiento pacífico.

Los sujetos estudiados no son necesariamente........

© The Conversation