250 años de la independencia de EE. UU.: la gran contradicción del país fue proclamar la igualdad mientras se mantenía la esclavitud
Según la politóloga Danielle Allen, nunca se ha escrito nada tan trascendental en materia de igualdad como la afirmación de la Declaración de Independencia de Estados Unidos: “todos los hombres han sido creados iguales”. Apenas puede sorprender que el 4 de julio de 1776, fecha en la que se firmó la Declaración, se haya fijado como efeméride fundacional de EE. UU.; ni que se haya asegurado que, desde su fundación, el país se distinguió del resto de las naciones por su carácter de “faro de la libertad”.
Esa visión idealizada es, por supuesto, una simplificación que se aleja de las complejidades de la historia americana. Un caso particularmente elocuente fue el drama de la esclavitud. En este asunto, tras la promulgación de la Declaración, las cosas siguieron siendo como antes sin que, de repente, se desplegara ninguna suerte de plan providencial que comenzara a cambiarlo todo.
Sin embargo, tampoco debemos interpretar la Declaración como una cáscara vacía. Lo que se aprobó en aquel mes de julio en Filadelfia y se proclamó solemnemente cuatro días después comprometía a la recién creada nación con una aspiración de igualdad jurídica y legal para todos sus ciudadanos.
Aunque enseguida surgieron y se extendieron las dudas. Once años más tarde, en una memorable ocasión, Benjamin Franklin las expresó con........
