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El progreso necesita debate, por Stalin González

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El progreso necesita debate, por Stalin González

Este lunes fue convocada una sesión extraordinaria de la Asamblea Nacional de Venezuela para la primera discusión del Proyecto de Ley Orgánica de Minas. La sesión dejó varias lecciones sobre la importancia de fortalecer los procesos legislativos.

El debate comenzó con retrasos y el texto del proyecto fue entregado a los diputados apenas minutos antes de iniciar la discusión. Un detalle menor, podría pensarse, salvo por el hecho de que leer una ley antes de discutirla suele ser una práctica bastante útil.

Cuando una norma con implicaciones económicas, ambientales e institucionales tan relevantes se presenta sin tiempo suficiente para su estudio, el proceso legislativo pierde una parte esencial de su sentido.

Las leyes no son simples formalidades administrativas: son instrumentos que moldean el futuro del país y, por lo tanto, merecen análisis, discusión y contraste de ideas.

La Asamblea Nacional es, o debería ser, el espacio donde se toman las grandes decisiones de la República. Allí es donde se revisan propuestas, se formulan objeciones y, en el mejor de los casos, se construyen consensos.

La Asamblea Nacional es, o debería ser, el espacio donde se toman las grandes decisiones de la República. Allí es donde se revisan propuestas, se formulan objeciones y, en el mejor de los casos, se construyen consensos.

Legislar implica responsabilidad, deliberación y también algo tan básico como escuchar a quienes piensan distinto.

Durante años, la política venezolana vivió bajo una dinámica donde el debate no era precisamente la actividad favorita del parlamento. En ocasiones parecía existir una especie de coordinación casi perfecta: todos levantaban la mano al mismo tiempo, como si una inteligencia colectiva invisible hubiera resuelto previamente cualquier diferencia.

Los resultados de ese modelo están a la vista de todos. Y lamentablemente no fueron precisamente un ejemplo de prosperidad institucional ni económica.

Para quienes no contamos con esa capacidad de sincronización automática, el proceso es un poco más rudimentario: necesitamos leer, analizar, discutir y, eventualmente, tomar decisiones.

Todos coincidimos en algo fundamental: Venezuela necesita progreso. Necesita hospitales que funcionen, mejores salarios, carreteras transitables, desarrollo agrícola y oportunidades para su gente. Pero esos objetivos no se alcanzan mediante improvisación legislativa. Se construyen con buenas políticas públicas, con leyes bien diseñadas y con instituciones que funcionen con seriedad.

Durante la sesión también se escuchó que el progreso del país es más importante que determinar cuándo se accede al borrador de una ley. Es una afirmación interesante. Precisamente porque el progreso del país depende, en buena medida, de la calidad de las leyes que aprobamos. Y para que una ley sea buena, suele ayudar que quienes deben votarla tengan tiempo de leerla.

Durante la sesión también se escuchó que el progreso del país es más importante que determinar cuándo se accede al borrador de una ley. Es una afirmación interesante. Precisamente porque el progreso del país depende, en buena medida, de la calidad de las leyes que aprobamos. Y para que una ley sea buena, suele ayudar que quienes deben votarla tengan tiempo de leerla.

Desde nuestra bancada quizás no seamos los más numerosos. Pero representamos a venezolanos que también esperan que su voz sea tomada en cuenta.

Si realmente queremos abrir una nueva etapa en la política venezolana, uno de los primeros pasos debería ser recuperar el sentido del debate parlamentario. La Asamblea Nacional puede ser —y debería ser— un espacio donde las ideas se discuten con seriedad antes de convertirse en leyes.

*Lea también: Doble rasero, por Fernando Luis Egaña

Al final, la política solo tiene sentido cuando contribuye a mejorar la vida de la gente. Para lograrlo, hay tres ingredientes bastante sencillos, aunque aparentemente escasos en algunos momentos: información suficiente, debate honesto y la voluntad de construir acuerdos que beneficien a todos los venezolanos.

Stalin González es político, abogado y dirigente nacional del partido Un Nuevo Tiempo

TalCual no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artículo.9988

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