De la tiranÃa, la lección aprendida, por Enrique Ramón DÃaz
De la tiranÃa, la lección aprendida, por Enrique Ramón DÃaz
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Basado en la obra La educación después de Auschwitz del destacado filósofo judeo-alemán Theodor Adorno, también, uno se pregunta ¿por qué una persona se vuelve capaz de cometer atrocidades o de hacerse parte de una tiranÃa?
Y el autor afirma que, el secuestro de la fuerza reflexiva —en sujetos mentalmente débiles— favorece el cumplimiento de órdenes que no se justifican ante la propia razón.
Y quizás por ello, dirÃa Aristóteles que, generalmente las personas «nunca hacen nada sino en vista de lo que les parece ser bueno»; lo que implica que un individuo que no es consciente del mal —en su proceder— cree en el fondo que hace un bien.
Como aquel apoyo a la discursividad engañosa de Chávez quien resultó ser un verdugo de su propio paÃs, sÃ, limitando la libertad de expresión, irrespetando la ley, llenando las cárceles de inocentes y arruinándolo económica, social e institucionalmente; lo que por cierto ya se visualizaba en la ciudadanÃa, pero más pudo la incultura polÃtica a la que cualquier populista se le hace fácil mentir.
Como aquel apoyo a la discursividad engañosa de Chávez quien resultó ser un verdugo de su propio paÃs, sÃ, limitando la libertad de expresión, irrespetando la ley, llenando las cárceles de inocentes y arruinándolo económica, social e institucionalmente; lo que por cierto ya se visualizaba en la ciudadanÃa, pero más pudo la incultura polÃtica a la que cualquier populista se le hace fácil mentir.
Pues, como se sabe, la mentira tiende a ser más popular que la verdad; luego, no deberÃa dejar de verse la educación polÃtica como un asunto de seguridad nacional.
Sobre este particular, alertaba Adorno que, la llegada de Hitler —como la de cualquier tirano— no fue un hecho aislado sino anticipado; pero que, al no reconocer el Estado las condiciones generadoras de una tiranÃa y no abordarlas educativamente en la sociedad; entonces, ya fue demasiado tarde cuando logró ser temido por su poder, con las consecuencias ya conocidas.
Lo que fue similar en la Venezuela chavista «donde se atacaba la norma social, y para imponer otra «moral revolucionaria» se hicieron temer por el uso de las armas y de los tribunales y de la manipulación de las leyes y de los medios de comunicación; todo ello bajo su control absoluto y por medio de lo cual se arruinó la vida, principalmente, de quienes pensaban diferente».
Ahora ¿cómo hacer para que no se repita en Venezuela —desde el poder gubernamental— ninguna experiencia de maltrato humano?
Y he ahà la misión de la escuela en la que se ha de distinguir —desde temprana edad— aquel pensamiento de bien (en tanto libre y autónomo) que respeta los puntos de vistas humanos frente aquel otro (cerrado y controlador) que impide, a la mente débil, pensar por sà mismo.
*Lea tambien: El 3E y las FANB, por Fredy Rincón Noriega
A tal punto de actuar en perjuicio propio cuando se le inculca una ideologÃa —como la del socialismo radical— que ha resultado perversa para la humanidad.
Tampoco la escuela ni el liceo ni la universidad puede descuidar —en el estudiante— aquella soberbia que se cree dueña de la verdad ni la arrogancia que siempre tiene todas las soluciones y en las que, además, un sujeto no reconoce errores y cree únicamente en su yo; lo que es propio de las tiranÃas.
Tampoco la escuela ni el liceo ni la universidad puede descuidar —en el estudiante— aquella soberbia que se cree dueña de la verdad ni la arrogancia que siempre tiene todas las soluciones y en las que, además, un sujeto no reconoce errores y cree únicamente en su yo; lo que es propio de las tiranÃas.
Al final, queda como lección de vida: la necesidad de educar el propio espÃritu tiránico, sÃ, el que yace en cada ser, por medio de aquella autocrÃtica que nos hace más responsable, que ayuda a ponderar mejor nuestros actos y busca mostrar aquella honra y excelencia que devela un pensamiento sano y, por añadidura, una mejor sociedad.
Y bajo esta panorámica ha de retomar vigencia el llamado de Pitágoras: «Eduquemos al niño —y al joven— y no será necesario castigar al adulto».
La imagen de portada fue creada con IA
Enrique R. DÃaz es doctor en Educación y autor del libro, “Bio-Eco-docencia: Dialógica, PedagogÃa y PolÃticaâ€.
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