Cuando la polÃtica de drogas genera inseguridad, por Javier Sagredo
Cuando la polÃtica de drogas genera inseguridad, por Javier Sagredo
El análisis del Informe Mundial sobre Drogas 2026 de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, dedicado al impacto del uso de drogas en la seguridad, llega en un momento especialmente sensible para América Latina.
La región sigue atrapada entre mercados ilegales en expansión, cárceles saturadas, barrios sometidos a economÃas criminales, Estados debilitados y gobiernos que prometen recuperar el control con más policÃas, más militares, más operativos y más cárcel.
Este análisis tiene un mérito indudable: reconoce que la relación entre drogas, delito y violencia no es simple ni automática. Se aleja, al menos parcialmente, de la vieja idea de que el consumo conduce inevitablemente al crimen.
Acepta que intervienen factores individuales, sociales, económicos, territoriales y polÃticos, más allá de los efectos de algunas sustancias sobre la conducta, la violencia para sostener consumos problemáticos o la generada por los mercados ilegales.
Este matiz importa. Durante décadas la polÃtica de drogas se ha construido sobre simplificaciones peligrosas, ancladas en el miedo y en el control social.
Sin embargo, el problema aparece desde el propio encuadre, el «impacto del uso de drogas» sobre la seguridad. Esa formulación parece técnica, pero no es inocente. Coloca el foco principal en el usuario y no en las condiciones que hacen que ciertos consumos se conviertan en escenarios de daño, explotación o violencia.
En América Latina, esa diferencia es fundamental. Buena parte de la inseguridad asociada a las drogas no proviene del consumo, sino de la ilegalidad del mercado, la criminalización de usuarios pobres, la ausencia de servicios, la desigualdad urbana, la violencia policial, la corrupción institucional y la disputa territorial entre actores armados.
No basta con preguntarse cómo las drogas afectan la seguridad. Hay que preguntarse cómo las polÃticas de drogas producen inseguridad.La imagen del consumidor trabado, violento y peligroso ha servido más para alimentar pánicos morales que para diseñar polÃticas eficaces.
No basta con preguntarse cómo las drogas afectan la seguridad. Hay que preguntarse cómo las polÃticas de drogas producen inseguridad.La imagen del consumidor trabado, violento y peligroso ha servido más para alimentar........
