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Cosas griegas, por Marcial Fonseca

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03.03.2026

Cosas griegas, por Marcial Fonseca

Homero, nacido ciertamente en lo que hoy es Turquía, y que probablemente vivió en el siglo VII a.C., y que residió toda su vida en la casa situada al noroeste del ágora principal de Atenas, no escribió los portentos literatos la Ilíada y la Odisea.

A veces los historiadores, quizás coadyuvados por analistas de literatura, que no literatos, han contribuido en propagar el error. Él era ciego y disfrutaba mucho en recorrer la campiña para conversar con la brisa como les decía a sus alumnos en sus clases matutinas.

Sus coetáneos lo consideraban un brillante aedo, y en sus tertulias públicas, el pueblo se deleitaba cuando les hablaba de la guerra de Troya, de las aventuras de Aquiles y siempre remataba con la historia de los hermanos que se odiaban tanto que cuando ellos, por haber actuado en contra del rey, padre de ambos, fueron condenados a morir en la hoguera.

Sus coetáneos lo consideraban un brillante aedo, y en sus tertulias públicas, el pueblo se deleitaba cuando les hablaba de la guerra de Troya, de las aventuras de Aquiles y siempre remataba con la historia de los hermanos que se odiaban tanto que cuando ellos, por haber actuado en contra del rey, padre de ambos, fueron condenados a morir en la hoguera.

El mutuo odio era tal que dio lugar a la leyenda de que las llamas se separaban entre sí; o quizás las lenguas de fuego estaban mostrando el rencor fraternal existente entre ellos. Él no estaba muy contento porque se consideraba a sí mismo un simple bardo; pero para los demás era un cantor o un poeta popular, o mester de juglaría o peor, un simple vate. Esto lo fastidiaba, pero no sabía cómo cambiar esa percepción.

Aun así, decidió hablar con su esposa. El autor aclara que hay muchas dudas de si era casado; así que supondremos que al menos tenía alguna amiga con quien conversar cosas privadas e íntimas.

Esta le recomendaría que cuando escribiera la historia de Odiseo que le implorara la Musa inspiración para hablar del diestro hombre local en su travesía a casa, donde lo esperaba castamente Penélope tejiendo y destejiendo esperanzas de los donjuanes de la época.

Quiso saber su consejo para la Ilíada. Fue simple: «Haz que los oyentes de tu relato sientan el mismo odio de Aquiles; tan fuerte que sientan ganas de morderse los labios».

Cuando ya la fama de Homero llevaba más de seis siglos, se conformó un equipo de expertos en cultura helénica para ubicar las ruinas de la que pudo haber sido su vivienda.

*Lea también: El búho, por Aglaya Kinzbruner

La consiguieron y se corroboró que el poeta que vivía en la casa noroeste del ágora principal de Atenas, era escritor, pero no el famoso autor; sí lo era el que moraba tres casas más allá; y que por cierto, era ciego y poeta y también se llamaba Homero.

Marcial Fonseca es ingeniero y escritor 

TalCual no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artículo

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