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Las derechas salvajes, por Fernando Mires

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11.08.2026

Las derechas salvajes, por Fernando Mires

El 5-08 2026 Donald J. Trump declaró que «al vencedor pertenece el botín» para fundamentar el control de su país sobre los ingresos petroleros de Venezuela. Agregó de manera contundente que la extracción de crudo ya financió por completo la incursión armada de principios de año.

«Hemos pagado la guerra con lo que hemos sacado, muchas, muchas, muchas veces», declaró Trump justificando la apropiación de los recursos bajo la lógica del derecho de conquista. Su argumento se presenta meses después de la intervención militar del 3 de enero de 2026 en Caracas, la cual culminó con la captura del presidente Nicolás Maduro.

Pocas veces, o quizás nunca, alguien con sus declaraciones ha prestado más servicios al enemigo que intenta y dice combatir: la izquierda en todas sus formas. Entre ellas, las que han hecho del antimperialismo una doctrina de pensamiento y acción.

En contra de los eternos «antimperialistas» muchos afirmamos en el pasado reciente que los EEUU, aún habiendo promovido tragedias evitables (aniquilación radioactiva de la población civil en Nagasaki e Hiroshima, guerra de Corea, invasión a Vietnam, golpe militar en Chile, destrucción de Irak), debían ser considerados un bastión en defensa de la democracia internacional.

Eso probó serlo frente a imperios bárbaros y agresivos, como fueron el nazismo alemán y el ruso-soviético, y la Rusia putinista hasta los tiempos de Biden (China tiene una economía expansiva, pero territorialmente no es expansiva).

Hoy, lamentablemente, debemos concordar con los que afirman –no sólo desde alguna izquierda– que bajo la presidencia de Trump, EEUU se ha convertido en un peligro para la comunidad mundial, no digamos democrática, sino simplemente civilizada.

Podría decirse que con las brutales palabras de Trump con respecto a Venezuela la política internacional de los EEUU ha sido «sincerada», mostrando la verdadera y fea cara de un imperio depredador. Podría ser cierto.

EEUU, solo por ser una gran potencia no puede evitar acciones imperiales, aunque objetivamente sea –o hubiera sido– un imperio internamente democrático, como afirmó hace algunos años el canadiense Michael Ignatieff. Pero hoy hay que despedirse de esa creencia.

El presidente Trump nunca ha manifestado interés por luchar a favor de la democracia, ni por la interna ni por la externa. Más todavía: la palabra democracia no pertenece a su exiguo vocabulario.

El presidente Trump nunca ha manifestado interés por luchar a favor de la democracia, ni por la interna ni por la externa. Más todavía: la palabra democracia no pertenece a su exiguo vocabulario.

Así nos explicamos por qué los ingenuos venezolanos que llamaron a Trump a intervenir a favor de la democracia en Venezuela se han quedado con los crespos hechos. Bajo la torpe consigna de Guaidó, «no podemos solos», buscaban ellos una salida de la dictadura de Maduro mediante la vía externa. Ocurrió. Pero cayeron bajo la dictadura económica de Trump.

Cierto es que hasta una Venezuela intervenida, como la de ahora, es preferible a la monstruosa dictadura de Maduro. Eso lo saben muy bien los ex presos políticos y sus familiares. Pero también es cierto que Trump ha suprimido la política en Venezuela.

Algo que no le ha costado mucho, por lo demás. La predicada por María Corina Machado y sus huestes no era acción política: era insurrección; y esa solo podía llevarse a cabo mediante la vía externa, porque la oposición, a pesar de las locuras cometidas por López, Guaidó y Machado, no tenía con qué.

Muchos alertamos a su debido tiempo acerca del alto precio de una........

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