menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

La política de la verdad, por Fernando Mires

18 1
27.01.2026

X: @FernandoMiresOl

De repente el público formado por mandatarios de diversos países se puso de pie y aplaudió entusiasmado. No suele suceder en Davos. Pero esas palabras rompieron el hielo. ¿Qué había pasado? Alguien había dicho una verdad. Sin embargo, y esto es quizás lo más importante, Karl Carney no dijo una verdad que desconociéramos. Todo lo contrario, la sabíamos. Fue algo así como cuando el rey apareció desnudo y nadie lo dijo hasta que alguien se atrevió a exclamar: «el rey está desnudo». Así es: la verdad puede ser sabida por todos, pero no será verdadera hasta que alguien la diga. La verdad no dicha no tiene ningún valor. Es una des-dicha.

¿Qué es lo que dijo Carney? Esto:

«….dejen de invocar un orden internacional basado en reglas, como si aún funcionara. Llamen al sistema lo que es, un período en que los más poderosos persiguen sus intereses usando la integración económica como un arma de coacción. (…) El viejo orden no volverá, y no debemos lamentarlo. La nostalgia no es una estrategia. Desde la fractura podemos construir algo mejor, más fuerte y más justo. Es una tarea de las potencias medianas, que son quienes más tiene que perder en un mundo de fortificaciones y quienes más tienen que ganar en un mundo de cooperación genuina.»

Y luego agregó:

«Cuando negociamos bilateralmente con el país hegemónico lo hacemos desde la debilidad. Aceptamos lo que se nos ofrece. Competimos entre nosotros por quién se acomoda mejor. Esto no es soberanía, es una escenificación de soberanía mientras aceptamos la subordinación. En un mundo de rivalidad entre grandes potencias los países que se encuentran en medio tienen que elegir, competir entre ellos por el favor o entenderse para crear una tercera vía con impacto. No debemos permitir que el auge del poder duro nos impida ver que el poder de la legitimidad, integridad y las reglas permanecerá fuerte, si decidimos ejercerlo juntos.»

Y para rematar, Carney culminó con estas frases:

«Estamos en plena ruptura, no en una transición. En las últimas dos décadas, una serie de crisis en las finanzas, la salud, la energía y la geopolítica, han dejado al descubierto los riesgos de una globalización extrema. Más recientemente, algunas grandes potencias han empezado a usar la integración económica como arma” (…) No puedes vivir la mentira de un beneficio mutuo cuando la integración se convierte en la fuente de tu subordinación. Las instituciones multilaterales (la Organización Mundial de Comercio, la ONU, la COP) en las que las potencias medianas han confiado la solución de problemas colectivos están seriamente disminuidas. Los poderosos tienen su poder, pero nosotros también tenemos algo, la capacidad de dejar de fingir, de reconocer la realidad, construir nuestra fuerza en casa y actuar en conjunto».

Carney se estaba refiriendo, sin lugar a dudas, al Occidente político hegemonizado desde y por EE UU. Pero seamos justos: el orden mundial basado en reglas al que se refiere Caney no lo rompió Trump. Trump solo aceptó el reto planteado originariamente por Putin el año 2022 cuando decidió invadir Ucrania. Trump y su grupo percibieron, a partir de ese acto, que Putin no actuaba de acuerdo con las reglas impuestas después de 1945, en el fin de la Guerra Mundial: Un orden basado en la dicotomía entre el mundo democrático y el mundo comunista.

La coexistencia entre la URSS (y China) y EEUU (y Europa) se dio frente a un peligro existencial en la era atómica recién iniciada y corroborada despiadadamente por Truman en Hiroshima y Nagasaki. La ruptura –así la llama Carney– se dio objetivamente cuando el comunismo desapareció en la URSS, por obra y gracia de la revolución política de Gorbachov, seguida por las revoluciones democráticas en los países socialistas europeos.

Terminaba así un orden mundial, y comenzaba otro que tarde o temprano reclamaría una legislación diferente a la que había prevalecido hasta los años 1989-1990.

En el intertanto, porque no........

© Tal Cual