El trumpismo en América Latina, por Fernando Mires
X: @FernandoMiresOl
El trumpismo es, o ha llegado a ser, un fenómeno mundial. Hablando en términos macropolíticos podríamos decir que su gestación –digamos, su bing bam– no tuvo lugar primero en su núcleo central, los Estados Unidos, sino en diversas naciones europeas, en gobiernos a los que su precursor, el húngaro Viktor Orban llamó «i-liberales» para no decir lo que eran, antiliberales. Adjetivo que solo corresponde al liberalismo político pues todos los que aparecieron después en diversas latitudes son gobiernos que predican y practican un intenso liberalismo económico.
Como el Fidesz de Orban, los partidos políticos antiliberales, o de derecha extrema –a los cuales en aras de una mayor claridad conceptual hemos decidido llamar en diversos textos nacional-populistas- son partidarios del libre mercado y del antiestatismo económico.
Naturalmente, todos esos movimientos, partidos y gobiernos surgen encadenados a las tradiciones históricas de sus respectivos países. Sin embargo, los une una serie de características comunes. Antes que nada, un extremo nacionalismo erigido sobre la base del culto a la propiedad, a la familia patriarcal, a la religión, a la patria, signos heredados de antiguos partidos conservadores.
Luego, una intensa aversión a los emigrantes, sobre todo a los que provienen de regiones islámicas y africanas, y en EE UU, latinoamericanas, aversión lindante en un agresivo racismo, como ocurre en Austria y Alemania. Enseguida, un líder exótico, agresivo, populachero. Y, no por último, un movimiento de masas articulado en torno a ese líder, situado más allá de la Constitución y de sus instituciones, hecho que ha llevado a decir a más de algún analista que, la que enfrentamos en estos momentos, es una revolución destinada a remover desde sus cimientos la estructuras políticas propias a los tiempos modernos, a saber: las que conforman la llamada democracia liberal.
A primera vista, si clasificamos a este nuevo fenómeno como de «derecha», nos encontraríamos con la extraña situación de que las derechas se han vuelto revolucionarias y las izquierdas, conservadoras. Puede que no sea así, pero es indudable que la idea de un cambio radical en las relaciones de producción, así como en las estructuras políticas, es levantado hoy en día por la llamada derecha nacional- populista con mucha más furia que ayer las antiguas izquierdas.
Desde que Orban comenzó con sus invectivas en contra de la UE, en contra de las migraciones y en contra del estado-social, tiene lugar en Europa un asalto a las democracias, desde dentro y desde fuera de ellas. Los nacional populistas ya se han apoderado de Polonia, Eslovaquia, Serbia, la República Checa. En el 2026 se unirán a las nombradas, otras naciones, entre ellas, quizás la guinda de la torta: Francia
De modo paralelo, las derechas latinoamericanas han ido adquiriendo características similares a las europeas. Pero, a diferencia de Europa, donde la derecha tradicional ha cedido el paso a la derecha populista, en diversos países latinoamericanos la derecha populista ya se encuentra en condiciones de ejercer la hegemonía sobre el conjunto de las derechas no-populistas integradas como segmentos secundarios en el bloque de poder.
Lo vemos en Argentina donde la derecha tradicional de Bulrich y Macri ha sido convertida en un anexo de la derecha revolucionaria y populista de Milei (la palabra revolucionaria va aquí sin comillas). Lo vemos en Ecuador, donde la derecha de Noboa se despidió del 2025 virando hacia una posición agresiva y decretando el estado de sitio en contra de lo que él llama «delincuencia» (en muchos casos, parte de la oposición) asumiendo el estilo de extremo personalismo de Bukele en El Salvador.
Lo vemos en Brasil donde el populismo bolsonarista succionó a la derecha tradicional. Lo vemos en Honduras donde la derecha trumpista de Nasry Alfura integrará a gran parte de la derecha conservadora liderada por Salvador Masrala. Lo vemos de modo muy marcado en Chile, donde la derecha ultra ha establecido, a través de la alianza de las tropas de Kast con las del ex candidato nacional-populista Kaiser, un predominio cuantitativo por sobre la derecha democrática ex piñerista, en contra del........
