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El fin de la izquierda. ¿y después?, por Fernando Mires

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03.07.2026

El fin de la izquierda. ¿y después?, por Fernando Mires

Es muy importante elegir bien el título de un libro. Por una parte, un título debe explicitar muy bien su contenido. Por otra, ha de atender a razones, si no comerciales, a las que ayuden a la divulgación. Por lo general, a diferencias de un trabajo académico, el título no debe ser muy largo; más bien corto, ojalá impactante.

Los directores de editoriales conocen ese efecto y por eso suelen proponer títulos alternativos a sus escritores. En ese segundo sentido Francis Fukujama eligió muy bien el título de su libro El Fin de la Historia.

La palabra «Fin» es de por sí llamativa. Quiere decir, algo terminó; y para siempre. Si a eso agregamos, «de la historia», es algo que nos incumbe a todos los que vivimos en la historia, no de un país, sino de la humanidad.

La palabra «Fin» es de por sí llamativa. Quiere decir, algo terminó; y para siempre. Si a eso agregamos, «de la historia», es algo que nos incumbe a todos los que vivimos en la historia, no de un país, sino de la humanidad.

No por último, es un título dramático; uno que no puede pasar inadvertido en las vitrinas de las librerías. Me atrevería a decir que, si no hubiese sido por el título de ese libro, Francis Fukujama habría pasado a la «historia de las ideas» como uno de los tantos buenos politólogos de la escena norteamericana, tal vez uno no muy brillante, en cualquier caso, no demasiado original, pero sí como un buen sintetizador de las ideas de su tiempo.

El título de su primer libro fue la clave de su éxito; el comienzo, no el fin de «su» historia profesional. Ese título, por si fuera poco, lo convirtió en un profesor millonario. Pero también ha sido su condena.

Casi no hay entrevista, aún mucho tiempo después de haber sido escrito El Fin de la Historia, en la que Fukuyama no se sienta obligado a decir que lo que quiso expresar con el título no era lo que el quería explicar y mucho menos lo que la mayoría de los lectores entendieron como «fin de la historia».

Casi no hay entrevista, aún mucho tiempo después de haber sido escrito El Fin de la Historia, en la que Fukuyama no se sienta obligado a decir que lo que quiso expresar con el título no era lo que el quería explicar y mucho menos lo que la mayoría de los lectores entendieron como «fin de la historia».

En no pocas intervenciones, Fukuyama enreda más el error de haber elegido ese título que no explica lo que él quiso escribir sino algo distinto a lo que él quiso escribir. En la mayoría de las ocasiones, Fukuyama indica que el título de ese libro viene de una interpretación hecha por el filósofo Alexander Kojeve a Hegel, quien precisamente escribió, quizás en un rapto de entusiasmo, que con la revolución francesa y el triunfo de la idea de la libertad se cerraba un capítulo de la historia universal determinada por la lucha por el «reconocimiento». De tal modo que Fukuyama daba por sentado que todos sus lectores habían leído no solo a Hegel sino, además, a Kojeve, algo difícil de suponer.

La mayoría de sus lectores entendió solo lo que el título decía: que nos habíamos quedado sin historia, que desde el fin del ocaso del comunismo las cadenas que atan a un acontecimiento con otro habían sido rotas, que Fukuyama, en el estilo de un Lyotard por ejemplo, renunciaba a los «grandes relatos» para dejarnos remitidos solo a narraciones que transcurren de modo independiente unas después de las otras.

En fin, que Fukuyama era algo así como un de-constructivista, es decir, todo lo contrario a lo que él es y ha demostrado ser en los libros publicados después del Fin de la Historia: un analista sistemático, un expositor muy ordenado y en ningún caso un profeta de la post–historia, como muchos han creído ver en su persona.

Hegel quiso decir con su no siempre bien interpretado «fin de la historia» que ese fin no tenía nada que ver con el fin de la suma y síntesis de los acontecimientos que llamamos históricos, sino con la ruptura de........

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