El fin de la izquierda. ¿y después?, por Fernando Mires
El fin de la izquierda. ¿y después?, por Fernando Mires
Es muy importante elegir bien el tÃtulo de un libro. Por una parte, un tÃtulo debe explicitar muy bien su contenido. Por otra, ha de atender a razones, si no comerciales, a las que ayuden a la divulgación. Por lo general, a diferencias de un trabajo académico, el tÃtulo no debe ser muy largo; más bien corto, ojalá impactante.
Los directores de editoriales conocen ese efecto y por eso suelen proponer tÃtulos alternativos a sus escritores. En ese segundo sentido Francis Fukujama eligió muy bien el tÃtulo de su libro El Fin de la Historia.
La palabra «Fin» es de por sà llamativa. Quiere decir, algo terminó; y para siempre. Si a eso agregamos, «de la historia», es algo que nos incumbe a todos los que vivimos en la historia, no de un paÃs, sino de la humanidad.
La palabra «Fin» es de por sà llamativa. Quiere decir, algo terminó; y para siempre. Si a eso agregamos, «de la historia», es algo que nos incumbe a todos los que vivimos en la historia, no de un paÃs, sino de la humanidad.
No por último, es un tÃtulo dramático; uno que no puede pasar inadvertido en las vitrinas de las librerÃas. Me atreverÃa a decir que, si no hubiese sido por el tÃtulo de ese libro, Francis Fukujama habrÃa pasado a la «historia de las ideas» como uno de los tantos buenos politólogos de la escena norteamericana, tal vez uno no muy brillante, en cualquier caso, no demasiado original, pero sà como un buen sintetizador de las ideas de su tiempo.
El tÃtulo de su primer libro fue la clave de su éxito; el comienzo, no el fin de «su» historia profesional. Ese tÃtulo, por si fuera poco, lo convirtió en un profesor millonario. Pero también ha sido su condena.
Casi no hay entrevista, aún mucho tiempo después de haber sido escrito El Fin de la Historia, en la que Fukuyama no se sienta obligado a decir que lo que quiso expresar con el tÃtulo no era lo que el querÃa explicar y mucho menos lo que la mayorÃa de los lectores entendieron como «fin de la historia».
Casi no hay entrevista, aún mucho tiempo después de haber sido escrito El Fin de la Historia, en la que Fukuyama no se sienta obligado a decir que lo que quiso expresar con el tÃtulo no era lo que el querÃa explicar y mucho menos lo que la mayorÃa de los lectores entendieron como «fin de la historia».
En no pocas intervenciones, Fukuyama enreda más el error de haber elegido ese tÃtulo que no explica lo que él quiso escribir sino algo distinto a lo que él quiso escribir. En la mayorÃa de las ocasiones, Fukuyama indica que el tÃtulo de ese libro viene de una interpretación hecha por el filósofo Alexander Kojeve a Hegel, quien precisamente escribió, quizás en un rapto de entusiasmo, que con la revolución francesa y el triunfo de la idea de la libertad se cerraba un capÃtulo de la historia universal determinada por la lucha por el «reconocimiento». De tal modo que Fukuyama daba por sentado que todos sus lectores habÃan leÃdo no solo a Hegel sino, además, a Kojeve, algo difÃcil de suponer.
La mayorÃa de sus lectores entendió solo lo que el tÃtulo decÃa: que nos habÃamos quedado sin historia, que desde el fin del ocaso del comunismo las cadenas que atan a un acontecimiento con otro habÃan sido rotas, que Fukuyama, en el estilo de un Lyotard por ejemplo, renunciaba a los «grandes relatos» para dejarnos remitidos solo a narraciones que transcurren de modo independiente unas después de las otras.
En fin, que Fukuyama era algo asà como un de-constructivista, es decir, todo lo contrario a lo que él es y ha demostrado ser en los libros publicados después del Fin de la Historia: un analista sistemático, un expositor muy ordenado y en ningún caso un profeta de la post–historia, como muchos han creÃdo ver en su persona.
Hegel quiso decir con su no siempre bien interpretado «fin de la historia» que ese fin no tenÃa nada que ver con el fin de la suma y sÃntesis de los acontecimientos que llamamos históricos, sino con la ruptura de........
