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Trono de sangre tropical, por A. R. Lombardi Boscán

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21.03.2026

Trono de sangre tropical, por A. R. Lombardi Boscán

«Lo que está hecho, no puede deshacerse» (What’s done cannot be undone).

Macbeth de Shakespeare.

«Ofrezco mantener a Colombia en paz con la ayuda del victorioso ejército de Ayacucho». El poder obtenido mediante la sangre nunca ofrece paz.

Bolívar y sus «juegos de trono» es el escondite de una gloria tallada en la posteridad.

Entre los años 1826 y 1830 el gran hombre pasó de los cielos hasta el infierno.

Sus lugartenientes principales se rebelaron. El Estado colombiano, arruinado y macrocéfalo, fue un cascarón institucional vacío.

El ejército libertador era a su vez un ejército de ocupación. Poner orden en el desorden se convirtió en una obsesión para Simón Bolívar.

Al mundo civil lo despreció. Solo la fuerza concentrada en su propia voluntad a través del partido militar podía aplacar el dislocamiento de una arquitectura tan precaria como lo era la Gran Colombia (1819-1831).

«Si los señores del Congreso decidieron obligar a Páez a acudir a Bogotá y él se niega a obedecer, no soy yo el responsable de ese dislate. Si el ejército está inquieto porque está mal pagado y sólo se le recompensa con la ingratitud, tampoco es mi culpa. Tampoco soy responsable de que la gente de color se rebele y lo destruya todo porque el Gobierno es demasiado débil para ejercer su autoridad».

La «Tocata........

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