menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Trump quiere la paz en Ucrania; falta saber a qué precio

32 0
06.09.2026

Después de más de cuatro años de guerra, cientos de miles de muertos y heridos, ciudades destruidas, millones de desplazados y una fractura geopolítica que ha sacudido a Europa y al mundo, cualquier posibilidad seria de paz en Ucrania merece ser explorada. Donald Trump dice tener una propuesta concreta, sus enviados Steve Witkoff y Jared Kushner llegaron a Moscú para reunirse con Vladimir Putin y después deberán viajar a Kyiv para hablar con Volodymyr Zelenski.

Rusia y Ucrania incluso han aceptado pausas temporales en algunos ataques mientras avanza esta iniciativa diplomática. Todo eso es positivo, pero la pregunta decisiva no es si habrá un acuerdo, sino qué clase de acuerdo será, quién tendrá que pagarlo y si realmente terminará la guerra o solamente la congelará hasta la siguiente.

Putin ha vuelto a hablar de una posibilidad de paz y Trump quiere presentar resultados. Después de varios intentos frustrados, Washington busca reconstruir una negociación que lleva meses prácticamente estancada, pero las posiciones siguen muy alejadas. Moscú insiste en que Ucrania entregue la totalidad de Donetsk y abandone cualquier aspiración de incorporarse a la OTAN; Kyiv considera inaceptable ceder más territorio y exige garantías de seguridad suficientes para impedir que Rusia vuelva a atacar dentro de algunos años. Ése es el verdadero problema: la paz no consiste únicamente en que dejen de disparar; también importa quién paga el precio de que dejen de hacerlo.

Nadie razonable puede desear que la guerra continúe indefinidamente. Ucrania ha soportado una devastación enorme y Rusia también ha pagado costos humanos, militares y económicos crecientes. Europa lleva años destinando recursos gigantescos a sostener a Kyiv, Estados Unidos ha invertido enormes cantidades de dinero y armamento, y la economía mundial ha sufrido durante todo este periodo impactos sobre energía, granos, rutas comerciales, inflación y seguridad. Buscar una salida no es debilidad. Negociar no equivale a capitular. Y si Trump consigue acercar posiciones donde otros fracasaron, habrá que reconocerlo. El problema empieza si la urgencia por anunciar una victoria diplomática termina produciendo una paz aparente cuya principal consecuencia sea premiar la conquista territorial por la fuerza.

Ahí aparece la pregunta más incómoda para Occidente. Rusia invadió Ucrania en 2022 y ocupa territorios que Kyiv considera propios. Si el acuerdo final consiste en aceptar de hecho una parte sustancial de esas conquistas a cambio del cese de hostilidades, ¿qué mensaje quedaría para el sistema internacional? ¿Que las fronteras pueden modificarse mediante invasión siempre que después exista suficiente capacidad militar para resistir hasta que el adversario y sus aliados se cansen? Esa conclusión sería peligrosa mucho más allá de Ucrania. Pero al mismo tiempo la política internacional rara vez ofrece soluciones moralmente perfectas. Las guerras suelen terminar con compromisos desagradables, concesiones dolorosas y realidades que ninguna de las partes considera justas. La pregunta no puede reducirse a “territorio sí” o “territorio no”; tiene que ser más amplia: ¿qué concesiones pueden hacer ambas partes sin convertir el acuerdo en una invitación a la siguiente guerra?

Putin tiene incentivos para negociar, pero también para prolongar la guerra si considera que el tiempo trabaja a su favor. Rusia sigue sosteniendo que está ganando en el campo de batalla y ha insistido durante meses........

© SDP Noticias